Clasificación 2022
130/180
Puntuación: 46,58
Indicador político
111
50.91
Indicador económico
111
38.27
Indicador legislativo
137
50.22
Indicador social
117
60.50
Indicador de seguridad
148
33.02
Clasificación 2021
107/180
Puntuación: 65,07
N/D
Estos indicadores no están disponibles antes de 2022 debido a un cambio metodológico.

Aunque los medios pensaban haber acabado con las figuras mediáticamente intocables durante la revolución de 2019, la presión política se ha vuelto, sin embargo, más fuerte que nunca.

Panorama mediático

Existe una libertad real en el tono que usan los medios libaneses, pero el mercado, en realidad, está controlado por algunos individuos directamente afiliados a partidos políticos o pertenecientes a dinastías locales. Las cadenas más influyentes son LBCI, Al Jadeed y MTV, propiedad de las familias Daher-Saad, Khayat y Murr. Otros ejemplos: Al Manar, la cadena oficial de Hezbolá, o la ya cerrada Future TV, en manos de la familia Hariri.

Contexto político

El panorama mediático se caracteriza por el control de los partidos políticos sobre los medios, dependientes de sus inversores, que refleja la estructura política libanesa. La prensa reproduce las divergencias políticas y comunitarias del país y en ella se reconoce la tutela confesional que pesa sobre los medios. El periodismo se ha transformado, así, en un arma en toda regla del conflicto político.

Marco legal

La ley impone a los medios transparencia sobre su accionariado y sobre su financiación. Sin embargo, algunos desarrollan estructuras especialmente opacas. Además, el código penal considera la difamación, la calumnia y la difusión de informaciones falsas como infracciones, cuya definición es difusa. Se observa en el país una inquietante instrumentalización de la justicia, que condena regularmente a medios y periodistas al pago de multas o a prisión con sentencias dictadas en ausencia del imputado.

Contexto económico

Los medios padecen la crisis económica histórica por la que atraviesa el país. La explosión del puerto de Beirut, en agosto de 2020, les obligó a realizar enormes recortes presupuestarios, que afectaron tanto a sus actividades, como a sus plantillas. Un número significativo de periodistas y redacciones basados en la capital y afectados por la explosión dependen de las ayudas internacionales para recuperarse y afrontar la crisis. Actualmente, la escasez de carburantes y de electricidad les impiden ejercer sobre el terreno.

Contexto sociocultural

La opinión pública es mayoritariamente conservadora y algunos temas siguen siendo tabú, cuando no están prohibidos, como las críticas al legado cultural y religioso. La misoginia y el racismo no son infrecuentes en el entorno mediático y las mujeres periodistas a menudo son objeto de campañas de difamación. Los militantes políticos participan en campañas de intimidación, especialmente los fieles a Hezbolá, que utilizan Twitter para amenazar a los periodistas.

Seguridad

En el transcurso de las manifestaciones de la revolución de octubre de 2019, los ataques y procesos judiciales contra los medios se intensificaron. Las fuerzas de seguridad recurren a un uso desproporcionado de la fuerza y los reporteros que trabajan para medios próximos al poder son agredidos por los manifestantes, que los tratan con rechazo.