Clasificación 2022
71/180
Puntuación: 64.37
Indicador político
96
54.66
Indicador económico
46
53.70
Indicador legislativo
88
66.23
Indicador social
96
67.06
Indicador de seguridad
45
80.19
Clasificación 2021
67/180
Puntuación: 71.12
N/A
Estos indicadores no están disponibles antes de 2022 debido a un cambio metodológico.

Japón es una democracia parlamentaria que respeta los principios de libertad y pluralismo de los medios, pero los periodistas no lo tienen fácil para ejercer plenamente su función de contrapoder, por el peso de las tradiciones y los intereses económicos.

Panorama mediático

En Japón, los medios tradicionales siguen siendo más influyentes que las webs de información online. Los principales periódicos y grupos audiovisuales son propiedad de los cinco conglomerados mediáticos más importantes del país: Yomiuri, Asahi, Nihon-Keizai, Mainichi y Fuji-Sankei. Yomiuri y Asahi son los diarios de mayor tirada del mundo, con siete y cinco millones de ejemplares diarios, respectivamente. Del mismo modo, Nippon Hōsō Kyōkai (NHK) es el segundo mayor grupo audiovisual público del mundo.

Contexto político

Desde 2012 y la llegada al poder de la derecha nacionalista, los periodistas se quejan del clima general de desconfianza e, incluso, hostilidad para con ellos. El sistema de clubs de prensa (“kisha clubs”), que solo autoriza a los medios establecidos a acceder a las conferencias de prensa y a los cargos de responsabilidad, lleva a los periodistas a autocensurarse y supone una discriminación flagrante para los periodistas independientes o extranjeros.

Marco legal

Una legislación ambigua promulgada en 2021 restringe el acceso al público, incluidos los periodistas, a determinadas zonas cercanas a instalaciones de defensa e infraestructuras juzgadas “de interés para la seguridad nacional”, como las centrales de Fukushima, so pena de dos años de prisión y/o multa de hasta 2 millones de yenes (cerca de 16 000 euros). El gobierno se niega, igualmente, a modificar una ley sobre protección de los secretos de Estado, que castiga la publicación de informaciones obtenidas “ilegalmente” con hasta 10 años de cárcel.

Contexto económico

En este país, en el que vive la población de mayor edad del mundo, la prensa en papel sigue siendo el principal modelo económico del sector, pero su futuro es incierto por el declive de su audiencia. Japón no dispone de ninguna ley que limite la propiedad cruzada de periódicos y grupos audiovisuales, lo que ha conducido a una concentración extrema de los medios y al desarrollo de grupos de un tamaño muy importante, que pueden llegar a contar con hasta más de 2 000 periodistas.

Contexto sociocultural

En Japón, el gobierno y las empresas ejercen regularmente presiones sobre los líderes de los medios dirigidos al gran público, lo cual se acaba traduciendo en una fuerte autocensura sobre temas que podrían ser considerados sensibles, como la corrupción, el acoso sexual, las cuestiones de salud (Covid-19 o radiaciones) o la contaminación. En 2020, el gobierno redujo considerablemente el número de periodistas convocados a sus ruedas de prensa, aduciendo medidas sanitarias vinculadas con la pandemia, e incluyó al grupo audiovisual público NHK en la lista de organizaciones del país que debían seguir sus “instrucciones”, en caso de crisis nacional mayor.

Seguridad

Aunque los periodistas japoneses gozan de un entorno de trabajo relativamente seguro, algunos han sido demandados por políticos por el simple hecho de haber retuiteado un contenido considerado “difamatorio”. En las redes sociales, grupos nacionalistas acosan regularmente a los periodistas que critican al gobierno o que cubren temas “antipatrióticos”, como los problemas de salud provocados por la catástrofe de Fukushima, la presencia militar americana en Okinawa o los crímenes de guerra cometidos por Japón durante la Segunda Guerra Mundial.