Asia-Pacífico
Tailandia
-
Clasificación 2022
115/180
Puntuación: 50,15
Indicador político
81
58.99
Indicador económico
77
45.24
Indicador legislativo
142
47.37
Indicador social
137
53.67
Indicador de seguridad
127
45.50
Clasificación 2021
137/180
Puntuación: 54,78
N/D
Estos indicadores no están disponibles antes de 2022 debido a un cambio metodológico.

La visión que tiene de la prensa el primer ministro Prayut Chan-ocha basta por sí sola para describir la situación de los medios: “los periodistas juegan un papel importante apoyando las acciones del gobierno”.

Panorama mediático

A imagen de la sociedad tailandesa, el panorama mediático está muy polarizado: por un lado, la prensa generalista sigue la línea del gobierno, como hace el diario Thai Rath; por otro, los medios más confidenciales tratan de aportar una visión alternativa y son, por ello, objeto de presiones por parte de las autoridades. Es el caso de Voice TV, una cadena fundada en sus orígenes por una figura destacada de la oposición, amenazada de ser suspendida de forma periódica. La represión es aún mayor con algunos medios digitales, como Prachatai o The Reporters, que libran una lucha diaria para hacer llegar una información fiable a los internautas del reino.

Contexto político

Las elecciones celebradas en 2019 no alteraron el control sobre los medios de la élite que rodea al general Prayuth Chan-o-cha, autor del golpe de Estado de 2014, que acumula cargos en la cúpula del gobierno, del ejército y de la policía. Su defensa de la sacrosanta monarquía absoluta tailandesa sirve de pretexto para detener a cualquiera que sea acusado de empañar la imagen del país. Todos los viernes por la noche, el “general-primer ministro” ocupa las ondas de la radio y la televisión para promover sus puntos de vista.

Marco legal

La amplísima definición del crimen de “lesa majestad” (art. 112 del código penal), sujeto a condenas de 15 años de cárcel, funciona como una espada de Damocles que pende sobre las redacciones. El recurso sistemático a las leyes sobre difamación y ciberdelincuencia es utilizado igualmente para acosar a los periodistas, que, en caso de ser procesados, deben afrontar gastos jurídicos desorbitados. El gobierno ha impuesto, además, un “código de conducta” que le permite suspender las licencias de los medios, so pretexto de que atentan contra “la moral y buenas costumbres del público”.

Contexto económico

Aparentemente independientes del poder ejecutivo, los grandes medios del país están, en realidad, en manos de un puñado de oligarcas directamente vinculados con la familia real, el ejército y el omnipresente General Prayut. Por otro lado, los medios cercanos a la oposición han sido creados gracias a la financiación de los círculos de negocios próximos al ex primer ministro Thaksin Shinawatra, actualmente en el exilio. El desarrollo de nuevos métodos de financiación colectiva ha favorecido la eclosión de webs de información menos condicionadas a la impronta de sus inversores.

Contexto sociocultural

El mensaje está claro: o las redacciones respetan una autocensura escrupulosa o los periodistas se exponen a acusaciones de atentado contra “la seguridad nacional” o contra “la paz y el orden”, que pueden llevarlos directamente a prisión. La prueba palpable de este clima de miedo generalizado son las manifestaciones masivas en favor de la democracia que inundaron las calles tailandesas en 2020 y que fueron cuidadosamente silenciadas en los medios de la élite gubernamental. Los medios alternativos, que quisieron cubrirlas, tuvieron que extremar la cautela para medir cada palabra y no exponerse a la represión.

Seguridad

En Tailandia, todo periodista debe saber que cualquier crítica al poder es susceptible de desencadenar una violenta represión, posible gracias a una justicia a las órdenes del poder ejecutivo. Desde el golpe de Estado de 2014, varias decenas de periodistas y blogueros se han visto obligados a elegir entre la cárcel o el exilio. Los presos condenados por crimen de “lesa majestad” son sometidos a malos tratos sistemáticamente.