África
Ruanda
-
Clasificación 2022
136/180
Puntuación: 45.18
Indicador político
140
42.12
Indicador económico
144
31.89
Indicador legislativo
117
57.89
Indicador social
133
55.25
Indicador de seguridad
137
38.76
Clasificación 2021
156/180
Puntuación: 49.34
N/D
Estos indicadores no están disponibles antes de 2022 debido a un cambio metodológico.

Desde su llegada al poder, Paul Kagamé se escuda en el recuerdo del genocidio de 1994, época en que los medios alentaban el odio racial, para justificar su control sobre la prensa. 

Panorama mediático

Minado por décadas de represión, el panorama mediático ruandés es uno de los más pobres del continente africano. Las cadenas de televisión están controladas por el régimen o por medio de accionistas miembros del partido en el poder. La mayoría de las emisoras de radio orientan sus contenidos hacia la música o el deporte para evitar problemas. En un país de 12 millones de habitantes, ya no existe un solo diario de prensa escrita. La práctica del periodismo de investigación es poco habitual y, en los últimos años, los periodistas que han intentado difundir información crítica o sensible a través de medios digitales, especialmente en YouTube, han sido condenados a severas penas de cárcel.   

Contexto político

La reelección de Paul Kagamé, en agosto de 2017, para una quinta legislatura, ha reforzado el régimen represivo y censor. Los dueños de los medios deben lealtad al gobierno, y numerosos periodistas han sido obligados a cursar un programa dedicado al patriotismo o a hacerse miembros del partido en el poder. Las autoridades pueden intervenir para despedir a aquellos que pudieran resistirse. El recuerdo del genocidio y de los medios del odio, como Radio Mille Collines, está muy instrumentalizado para impedir cualquier expresión de discordancia y crítica.    

Marco legal

A pesar de que la difamación ha sido despenalizada, la reforma del código penal de 2018 ha mantenido las penas de prisión para el ultraje o la difamación hacia el jefe del Estado a través de los medios. A menudo, se persigue a los periodistas por motivos ajenos a su profesión o son considerados como activistas, una práctica clásica para alegar que no hay  periodistas encarcelados. La vigilancia, totalmente ilegal, de las conversaciones telefónicas de los periodistas hace que su confidencialidad y la protección de sus fuentes sea inútil.

Contexto económico

La ausencia de un sector privado sólido e independiente del poder restringe drásticamente el mercado publicitario. La corrupción y las ventajas que se ofrecen a algunos periodistas para influenciar su cobertura son prácticas habituales. La precariedad de los puestos y las fuertes presiones e intimidaciones que rodean a la profesión, provocan que las generaciones más jóvenes se sientan más atraídas por puestos de comunicación, mejor pagados y menos arriesgados.

Contexto sociocultural

El fantasma del genocidio sigue rondando todavía en la memoria colectiva, y las cuestiones relacionadas con él deben tratarse de acuerdo con la visión del régimen de Paul Kagamé. La libertad de expresión se topa con treinta años de miedo y cultura del silencio, lo que complica el trabajo de los periodistas.

Seguridad

Vigilancia, espionaje, detenciones, desapariciones forzosas… En Ruanda todo está concebido para que los periodistas no puedan ejercer libremente. Desde 1996, ocho periodistas han sido asesinados o declarados como desaparecidos y 35 se han visto forzados al exilio. Varios, también en el extranjero, han sido víctimas del régimen en el caso Pegasus, nombre del software de vigilancia ilegal utilizado para la vigilancia masiva. También es frecuente que agentes de inteligencia sigan a periodistas  que estén realizando un reportaje, sin esforzarse siquiera por ser discretos. En los últimos años, las detenciones y arrestos arbitrarios se han multiplicado y los periodistas que trabajan online han sido objeto de una intensa represión. Después de contribuir en varias revelaciones sobre asuntos muy sensibles, uno de ellos fue condenado a 7 años de prisión en 2021.