Clasificación 2022
3/180
Puntuación: 88.84
Indicador político
3
91.96
Indicador económico
2
87.66
Indicador legislativo
3
90.27
Indicador social
12
90.18
Indicador de seguridad
32
84.14
Clasificación 2021
3/180
Puntuación: 92.76
N/D
Estos indicadores no están disponibles antes de 2022 debido a un cambio metodológico.

Suecia, el primer país del mundo en adoptar una ley para la libertad de prensa, destaca por su especial apego a la independencia de los medios. Sin embargo, este clima favorable no evita que los periodistas sean objeto de amenazas, campañas de odio en Internet o procedimientos judiciales abusivos. 

Panorama mediático

La gran mayoría de los medios suecos (Dagens Nyheter, Aftonbladet, TV4, etc.) está en manos de cinco grandes grupos de prensa y la concentración del sector audiovisual alcanza niveles aún más importantes, con solo cuatro empresas de televisión y tres de radio, incluida la corporación pública. Al mismo tiempo, uno de cada cinco municipios suecos carece de prensa local, lo que ha llevado a nuevas inversiones en este segmento por parte de los medios públicos y privados.

Contexto político

En 1776, Suecia se transformó en el primer país del mundo en aprobar una ley sobre la libertad de prensa. Actualmente, los medios son independientes del poder político y sus propietarios no están expuestos a la injerencia del poder ejecutivo o legislativo. De igual modo, ningún político en funciones puede sentarse en el consejo de administración de ningún medio público u organismo regulador del sector. La necesidad de que existan medios públicos genera consenso, aunque sí se dan debates sobre su contenido o su financiación. Se ha dado el caso de que políticos ataquen verbalmente a periódicos públicos o propongan abiertamente acciones para influir en su contenido editorial.

Marco legal

En Suecia, existe un ombudsman de los medios, una suerte de mediador que gestiona las quejas relativas a las cuestiones éticas. Los medios públicos están regulados por una comisión de radiodifusión independiente, integrada en la Autoridad Sueca de la Prensa y la Radiodifusión. Ésta registra y concede las licencias de radio y televisión, y reparte las subvenciones a los medios de comunicación. El secreto de las fuentes periodísticas está amparado por la ley y el principio de acceso a la información pública es una de las piedras angulares de la democracia sueca.

Contexto económico

Aunque es relativamente fácil lanzar un nuevo medio, éstos tienen que hacer frente a una competencia feroz, por la elevada concentración mediática que se da en Suecia. De hecho, la cobertura de noticias locales depende, a menudo, de las inversiones y el interés que pongan los grandes grupos mediáticos. Las subvenciones públicas se obtienen con relativa facilidad y sin discriminación hacia los medios que exhiben opiniones políticas radicales; un hecho no exento de críticas. En general, los periodistas suecos ejercen de forma libre y totalmente independiente su trabajo, no sufren obstáculos destacables y no se arriesgan a ser sobornados o despedidos por sus opiniones.

Contexto sociocultural

Las amenazas y el ciberacoso están a la orden del día entre los periodistas suecos. Casi uno de cada cinco afirma haber sido víctima de este tipo de ataques, en los últimos tres años, y el 40% de los periodistas objeto de amenazas considera que éstas han logrado disuadirlos de cubrir determinados temas. Aunque el movimiento #MeToo ha sacado a la luz las discriminaciones de género y los abusos sexuales en el sector de los medios, aún queda mucho por hacer para acabar con estas violencias. En el mismo sentido, algunos empleados de medios públicos han denunciado actitudes y discriminaciones racistas.

Seguridad

El riesgo de agresiones físicas contra periodistas es bajo, aunque algunas redacciones han sufrido amenazas de bomba y algunos reporteros han sido objeto de violencia física, que ha impedido su trabajo. Los periodistas exiliados en Suecia suelen sufrir amenazas por parte de los regímenes de sus países de origen. El periodista sueco Dawit Isaak lleva 20 años encarcelado en Eritrea, mientras que el editor Gui Minhai lleva más de seis años preso en China.