Con 41 periodistas en prisión, Irán ya es la tercera cárcel más grande del mundo para la profesión

Un mes después del inicio de las manifestaciones y de los disturbios que afectan al país, Irán se consolida como el tercer país del mundo con más periodistas en prisión, tan solo detrás de China y Birmania. Según los datos de Reporteros Sin Fronteras (RSF), el número de profesionales de los medios actualmente encarcelados alcanza cotas sin precedentes en los últimos 20 años. RSF llama a la liberación inmediata de todos los periodistas y a la aplicación de medidas concretas para frenar, a la mayor brevedad, este deterioro de la libertad de prensa.

“Los disturbios que sacuden a Irán demuestran que los periodistas son un objetivo prioritario en el país. El gobierno iraní está aprovechando las detenciones actuales para amordazar, a un ritmo aterrador, a los periodistas y medios independientes. Esta represión del derecho a informar está alcanzando niveles sin precedentes. Instamos a las autoridades iraníes a revertir inmediatamente esta política, liberando a todos los periodistas detenidos en el país y dejando de obstaculizar el trabajo de los medios independientes, que ofrecen un servicio público crucial”.

Oficina de Oriente Medio de RSF

Nilufar Hamedi fue una de las primeras periodistas que reveló la historia de Mahsa Amini -fallecida tras ser detenida por la policía iraní por “llevar una indumentaria inapropiada”-, lo que le supuso ser también una de las primeras periodistas detenidas en prisión. Tras la muerte de Mahsa Amini, el 16 de septiembre, las fuerzas iraníes del orden han encarcelado en total a 31 periodistas, de los cuales 27 -incluidas 10 mujeres- permanecen entre rejas. Dado que 14 periodistas se encontraban ya detenidos antes de esta ola de protestas y represión, el número total de periodistas en prisión en Irán se eleva a 41. Esta cifra sitúa al país como tercer carcelero de periodistas del mundo, detrás de China (102) y Birmania (67).

Los datos de RSF demuestran que el número de periodistas encarcelados actualmente en Irán alcanza niveles máximos en décadas, a pesar de que la anterior oleada de manifestaciones también fue reprimida con severidad. Durante los disturbios provocados por el fuerte aumento del precio de los carburantes, en 2019, 33 periodistas fueron encarcelados por las autoridades iraníes, tres más que en 2018, un año marcado igualmente por varias protestas.

Debo decir que, en estos últimos cinco años, y habiendo vivido varias manifestaciones, nunca ha habido tanta presión por parte de los servicios de seguridad como en la actualidad, durante las protestas que sacuden a todo el país, tras el asesinato de Mahsa Amini. En cada uno de los períodos de manifestaciones previos, los periodistas y los medios han padecido amenazas y citaciones, pero nunca tantos como ahora”, asegura a RSF un periodista iraní, desde el anonimato.

Los periodistas no parecen estar seguros en ningún lugar del país. Las detenciones se han producido en 14 ciudades distintas, desde la más pequeña hasta la capital, Teherán.

 

Arrestos preventivos

De acuerdo con las informaciones de RSF, las restricciones impuestas a los medios y a la labor de los periodistas por parte de las autoridades iraníes no han dejado de crecer. Los periodistas no solo han sido detenidos y torturados por haber cubierto las manifestaciones, sino que 13 de ellos han sido arrestados durante redadas e incursiones de las fuerzas de seguridad en sus domicilios.

Anoche, mientras dormía, sonó el teléfono. Era mi nuera llorando, diciéndome que estaban derribando la puerta de su domicilio. Nos fuimos a casa de Navid Jamshidi, nuestro hijo, para ver qué sucedía. Diez individuos habían entrado, le habían atado las manos por la espalda y estaban registrando la casa. No sé lo que buscaban”, explica Iraj Jamshidi, padre de Navid Jamshidi, en un vídeo que subió el 25 de septiembre a Asianews, la web de la que es fundador. Las fuerzas iraníes del orden tienen detenido a Navid Jamshidi, periodista independiente, desde el 24 de septiembre, por causas desconocidas.

Desde el comienzo de las manifestaciones, el acceso a la información y el trabajo de los periodistas están en el punto de mira de las autoridades iraníes. Por una parte, cortan el acceso a Internet casi a diario y bloquean el acceso a VPN (redes privadas virtuales). Por otro lado, los medios de comunicación son objeto de una vigilancia estricta, lo que ha llevado a muchos de ellos a autocensurarse para protegerse y proteger a sus periodistas contra los ataques de las fuerzas de seguridad.

Irán ocupa, desde hace largos años, una de las peores posiciones del mundo en materia de libertad de prensa. En 2022, el país se situó en el puesto 178 de 180, en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de RSF.

 

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