Clasificación 2022
150/180
Puntuación: 41.00
Indicador político
145
40.76
Indicador económico
149
30.36
Indicador legislativo
120
57.02
Indicador social
127
56.25
Indicador de seguridad
163
20.61
Clasificación 2021
142/180
Puntuación: 53.44
N/D
Estos indicadores no están disponibles antes de 2022 debido a un cambio metodológico.

Violencia contra los periodistas, concentración de medios, posicionamientos políticos… La libertad de prensa está en crisis en “la mayor democracia del mundo”, gobernada desde 2014 por el primer ministro Narendra Modi, figura central del Bharatiya Janata Party (BJP) y encarnación de la derecha nacional hindú.

Panorama mediático

El panorama mediático indio es el fiel reflejo del país: inmenso y abundante. Hay más de 100 000 diarios de información general, de los cuales 30 000 son semanales, así como 380 cadenas informativas de televisión. Sin embargo, esta profusión oculta tendencias claras a la concentración, con un puñado de grupos que extienden sus tentáculos a nivel nacional, como Times Group, HT Media Ltd, The Hindu Group o Network18. Cuatro periódicos se reparten tres cuartas partes del lectorado en hindi, la principal lengua del país. La concentración es todavía más intensa a nivel regional, con publicaciones en lenguas vernáculas que captan áreas geográficas, como Anandabazar Patrika de Calcuta, publicado en benaglí; el diario Lokmat, de Bombay, editado en lengua marathi, o el Malaya Manorama, difundido en el sur del país. Esta concentración de la prensa escrita se reproduce en las grandes redes de televisión, como NDTV. Las radios informativas son propiedad 100% de la red estatal All India Radio (AIR).

Contexto político

Históricamente, la prensa india, surgida del movimiento de descolonización, se ha percibido más bien como progresista. Las cosas cambiaron radicalmente a mediados de la década de 2010, con la llegada al poder de Narendra Modi, y con el más que evidente acercamiento de su partido, el BJP, a las grandes familias propietarias de los medios. El ejemplo más llamativo es, sin duda, el del grupo Reliance Industries, del magnate Mukesh Ambani, amigo personal del primer ministro y dueño de más de 70 medios seguidos por una audiencia de al menos… 800 millones de indios. El primer ministro ha desarollado una doctrina que sitúa a los periodistas como un “cuerpo intermediario” que contamina la relación directa que pretende entablar con sus partidarios. De hecho, los periodistas indios demasiado críticos son el blanco de campañas de ataques y acosos de toda índole, por parte de los bhakts, los adeptos del líder Modi.

Marco legal

Seguridad nacional, difamación, sedición, ultrajes a los tribunales… La ley india, teóricamente protectora, se instrumentaliza cada vez más contra los periodistas críticos con el gobierno, acusados de ser “anti-nacionales”. Con el pretexto de luchar contra el coronavirus, el gobierno y sus seguidores desplegaron una “guerrilla jurídica”, demandando a cada medio que recogía informaciones que diferían del discurso oficial. Numerosos periodistas que intentan cubrir movimientos sociales hostiles al gobierno son arrestados por la policía y algunos permanecen detenidos arbitrariamente. Estos ataques repetidos tienden a minar, poco a poco, los órganos de autorregulación de los medios, como el Press Council of India (Consejo de la Prensa de India- PCI) o el Electronic Media Monitoring Centre (Centro de Estudios de Medios Electrónicos - EMMC).

Contexto económico

La prensa india es como un gigante con pies de barro: a pesar de capitalizaciones en ocasiones descomunales, la supervivencia de los medios depende en gran medida de los contratos publicitarios con los gobiernos locales y regionales. La ausencia de una frontera clara entre lo editorial y lo comercial reduce frecuentemente al periodismo a una mera variable de ajuste. A escala nacional, el gobierno central ha entendido el interés que tiene explotar esta carencia para imponer su propio relato: gasta más de 130 000 millones de rupias (5 000 millones de euros) al año en anuncios, solo en prensa escrita y digital. Los últimos años han visto también nacer a los “medios godi” (un juego de palabras usado para referirse a los perritos falderos de Modi), que mezclan el populismo con la propaganda a favor del BJP, como Times Now o Republic TV. A fuerza de presiones e injerencias, el viejo modelo de prensa pluralista se está viendo gravemente cuestionado.

Contexto sociocultural

La gran diversidad de la sociedad india se refleja en el panorama mediático. La profesión periodística, con mayor motivo en los puestos directivos, sigue estando reservada en exclusiva a los hombres hindúes de castas superiores, un sesgo que repercute en todos los ángulos y los temas abordados en artículos o reportajes. Por ejemplo, en los programas de entrevistas y debate nocturnos, las mujeres representan menos del 15% de los participantes. En lo más grave de la crisis de la Covid-19, algunos moderadores de tertulias acusaron a la minoría musulmana de haber provocado la propagación del virus. El panorama mediático indio también es prolijo en ejemplos de lo contrario, como ilustra el medio Khabar Lahariya, formado únicamente por mujeres periodistas procedentes de zonas rurales, o de minorías étnicas o religiosas.

Seguridad

Con entre tres y cuatro periodistas asesinados cada año por su labor, India es uno de los países más peligrosos del mundo en este ámbito. Los periodistas son objeto de todo tipo de atropellos: violencia policial, emboscadas organizadas por militantes políticos, represalias por encargo ejecutadas por grupos mafiosos o por personalidades locales potentadas y corruptas. Los defensores de la hindutva, la ideología matriz de la derecha radical hindú, llevan a cabo auténticas purgas contra cualquier pensamiento no acorde a su doctrina expresado en público. Así, orquestan campañas aterradoras de odio y llamamientos al asesinato en las redes sociales, especialmente violentas cuando apuntan a mujeres periodistas, cuyos datos personales son revelados sin miramientos. La situación en Cachemira sigue siendo muy preocupante: los reporteros son frecuentemente el blanco de acosos por parte de las fuerzas del orden y por los paramilitares, y algunos se pudren en detenciones supuestamente “provisionales”, desde hace varios años.