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20 Abril 2020 - Actualizado el 21 Abril 2020

La Clasificación en tiempos de Coronavirus

La edición 2020 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa muestra que existe una correlación entre la restricción a la libertad de prensa durante la pandemia del coronavirus y el lugar que ocupan los países en la Clasificación. Los gobiernos de los países peor clasificados se valen de la crisis sanitaria para intensificar su represión y los ataques contra la prensa, incluso para imponer medidas que sería imposible adoptar en condiciones normales.

ASIA-PACÍFICO

COREA DEL NORTE (180º, -1) 

El imposible trabajo periodístico en el país de los “cero casos” de coronavirus

En Corea del Norte, país que se encuentra en el último lugar en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras, las autoridades no han perdido sus malos hábitos durante la pandemia del coronavirus. Este régimen totalitario, dirigido por Kim Jong-un desde 2012, sigue manteniendo a la población en la ignorancia y asegura que hay “cero casos” de coronavirus, aún cuando el gobierno ha solicitado ayuda a otros países para enfrentar la epidemia.


La Agencia Central de Prensa Norcoreana (KCNA), la única autorizada para proporcionar información oficial a los medios de comunicación, no aborda este tema. Aunque las autoridades norcoreanas han mostrado mayor flexibilidad frente a la prensa extranjera, autorizando que cada vez más reporteros cubran las actividades oficiales, los corresponsales extranjeros no pueden investigar las medidas emprendidas por el gobierno para proteger a la población de la pandemia. La circulación de información sobre el coronavirus también se restringe a través de sistemas técnicos que permiten al régimen controlar casi por completo las comunicaciones y los documentos enviados a través de la intranet nacional. El miedo es otra de sus herramientas, pues cualquier ciudadano puede ser enviado a un campo de concentración por el simple hecho de consultar un medio de comunicación extranjero.


CHINA (177º, igual)       

           

El régimen no aprendió la lección del coronavirus y ha aumentado aún más la censura

China, que sigue estancada en los últimos lugares de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras, parece no haber aprendido mucho de la pandemia del Covid-19. La censura y las presiones ejercidas en quienes denunciaron los hechos favorecieron la propagación del virus. Peor aún, las autoridades han aprovechado la crisis para controlar aún más a los medios de comunicación, prohibiendo la publicación de toda información que cuestione su gestión de la crisis.


Esto ha sido fácil dado que los medios de comunicación en China, públicos y privados, se encuentran bajo el estricto control del Partido Comunista. Xi Jinping, que llegó al poder en 2013, ha logrado imponer un modelo de sociedad basado en el control de la información y la vigilancia de los ciudadanos, apoyándose en el uso masivo de nuevas tecnologías. Cerca de cien de periodistas y blogueros están encarcelados en el país, algunos de ellos en condiciones deplorables, por lo que se teme por sus vidas. Entre ellos, tres periodistas y tres articulistas políticos que fueron detenidos por abordar el tema de la pandemia. El régimen también controla cada vez más las redes sociales, censurando un gran número de palabras clave relacionadas con el coronavirus. La represión de los corresponsales extranjeros también ha empeorado; 16 de ellos han sido expulsados desde el inicio de 2020.


FILIPINAS (136º, -2)

Una “ley de esfuerzo colectivo” para luchar contra el coronavirus y perseguir a los periodistas

La crisis del coronavirus ha cristalizado el autoritarismo del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, quien con frecuencia amenaza de muerte a los periodistas “hijos de puta” que no siguen su línea. Dos periodistas podrían ser condenados a dos meses de prisión por haber difundido “información falsa” relacionada con la crisis del Covid-19, un proceso penal que es posible gracias a que el Congreso aprobó una “ley de esfuerzo colectivo para sanar juntos”. Esta legislación, invocando el esfuerzo conjunto, otorga poderes especiales al gobierno de Duterte, lo que le permite perseguir a cualquier reportero o medio de comunicación que publique información que le disguste.


Prácticas características de la “democratura” que se ha establecido en el archipiélago desde que el ardiente presidente tomó las riendas del país, en 2016. Las autoridades han negado la acreditación de prensa necesaria para cubrir la zona en cuarentena a medios de comunicación alternativos, como el sitio web Bulatlat; ésta sólo concede a los medios de comunicación cercanos al gobierno. A inicios de abril de 2020 la represión subió de grado: se obligó a un periodista a ofrecer disculpas públicamente por haber criticado la inacción del gobierno frente a la crisis del Covid-19. Una práctica que suele distinguir a los regímenes totalitarios.


MAGREB-ORIENTE MEDIO  

IRÁN (173º, -3)

La crisis sanitaria agrava los peores hábitos del régimen iraní en cuestión de desinformación

Encubrimiento de información, difusión de noticias falsas, incluso mentiras del Estado. Los métodos empleados habitualmente por la República Islámica de Irán durante crisis y catástrofes están a la orden del día desde el inicio de la pandemia del coronavirus. 


En febrero de 2020 las autoridades comenzaron por desmentir la magnitud de la epidemia, después de que medios de comunicación cercanos al régimen publicaron información que señalaba que dos personas habían fallecido por el Covid-19 en la ciudad santa de Qom. Dos meses después reconocieron que el foco de contagio inicial fue la escuela de Corán de la ciudad, que recibe a estudiantes chinos. Una vez que el régimen admitió la realidad de la pandemia, hizo todo lo posible para restringir la libre circulación de información sobre la crisis sanitaria. Numerosos periodistas y periodistas-ciudadanos fueron citados e interrogados por las autoridades por difundir información no oficial sobre la crisis, acusados de “propagar rumores”. Uno de ellos fue arrestado por haber publicado tuits sobre la situación sanitaria en prisión.


Lejos de informar sobre la realidad de la epidemia, el régimen iraní se ha distinguido por la falta de transparencia. Asimismo, se ha servido de la crisis sanitaria para alimentar su propaganda contra Estados Unidos y denunciar las sanciones impuestas por este país. La intención de mostrar al mundo que Irán gestiona la crisis sanitaria mejor que los occidentales, así como la desinformación promovida por el Estado –oficialmente en el país hay 70.000 personas contagiadas y 4.500 han fallecido a causa del virus– pueden poner en peligro la vida de millones de iraníes.


EGIPTO (166º,-3)   

La lucha contra las “noticias falsas” y contra la información sobre la pandemia

Desde hace varios años Egipto cuenta con dos temibles instrumentos para controlar a los medios de comunicación y amordazar a los periodistas: el Consejo Supremo para la Regulación de Medios (SCMR) y el Servicio de Información del Estado (SIS). Desde 2017 el SCMR ha bloqueado más de 500 sitios web informativos por “difundir noticias falsas”. En plena crisis por el Coronavirus, usando como caballo de batalla la lucha contra las “noticias falsas”, las autoridades han bloqueado al menos otros doce portales de noticias por ese motivo. Una gran opacidad rodea estos bloqueos, no obstante, se observa que una buena parte de los contenidos sancionados cuestionaban la magnitud de la pandemia en el país o la capacidad del sistema de salud para enfrentarla.


Las autoridades egipcias no se molestan en justificar su represión demostrando si verdaderamente los medios de comunicación y los periodistas independientes tenían la intención de difundir rumores o alterar el orden público. Ruth Michaelson, corresponsal del diario The Guardian, fue expulsada del país por decisión del SIS, después de que publicó información científica que mostraba que las cifras oficiales subestimaban la cantidad de personas contagiadas por el Covid-19. Independientemente de la crisis sanitaria, el gobierno sigue censurando a los medios de comunicación independientes: bloqueó el sitio web informativo Daaarb sólo un mes después de que apareció, sin que existiera alguna relación con el Covid-19...


IRAK (162º, -6)        

 

Después de las manifestaciones, la pandemia del coronavirus está en la mira del gobierno

La dramática situación que viven los periodistas en Irak desde que comenzaron las manifestaciones, a finales de 2019, hizo que el país cayera en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras hasta la zona negra, aquella que muestra que la “situación es muy grave”. Cinco periodistas han sido asesinados en cuatro meses. Las múltiples milicias que hay en el país continuamente amenazan de muerte a los periodistas para impedir que cubran las protestas, hacer eco de sus reivindicaciones o para mostrar la feroz represión de las fuerzas del orden, que disparan balas reales.


El mismo Estado iraquí obstaculiza la labor de los periodistas: el gobierno suspendió a diez medios de comunicación debido a su cobertura de las manifestaciones, desfavorable para las autoridades. Desde el comienzo de la crisis sanitaria, la información relacionada con la pandemia del Covid-19 está en el punto de mira de las autoridades. La Comisión Nacional de Información y Medios de Comunicación (CMC) decidió suspender a la agencia de noticias Reuters porque publicó un reportaje en el que médicos –que prefirieron permanecer en el anonimato– denunciaron que las autoridades los habían conminado a no hablar a la prensa sobre la crisis sanitaria. La región autónoma de Kurdistán no es la excepción: el Ministro de Salud pidió que cerraran la cadena NRT después de que ésta difundió un reportaje que mostraba que las autoridades sobreestimaron deliberadamente el número de enfermos de coronavirus para disuadir a la gente de manifestarse.  

 


ÁFRICA

COMORAS (75º, -19)

 

La crisis del coronavirus revela un preocupante deterioro de la libertad de prensa en el país

Agresiones, detenciones, intimidaciones, censura. Tras un polémico referéndum constitucional (en 2018) y las elecciones presidenciales (2019) se ha registrado una ola de atentados contra la libertad de prensa sin precedentes. El país, que antes ocupaba una buena posición en el continente africano, descendió 26 lugares en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras en los últimos dos años; 19 de ellos en el último año –es el segundo país que más descendió en la edición 2020.


La crisis del coronavirus probará si esta serie negra era un paréntesis vinculado con la agitada situación sociopolítica. No obstante, las primeras señales enviadas por las autoridades son preocupantes, pues éstas siguen intentando controlar a la prensa. Una periodista de La Gazette des Comores investigó por qué Comoras es uno de los pocos países africanos que no han detectado ningún caso de Coronavirus; así, reveló en un reportaje que nunca se analizaron las primeras pruebas realizadas a personas que se creía estaban contagiadas. Tras ello, el gobierno amenazó con juzgarla y las autoridades sanitarias intentaron identificar cuál era su fuente informativa.


De manera general, la crisis pone en evidencia la intención de gobierno de monopolizar la información, privando a los periodistas del derecho de desarrollar investigaciones independientes y no reproducir del discurso oficial. Directivos y editores de medios de comunicación se han unido al Comité Nacional de Coordinación sobre el coronavirus, dirigido por el portavoz del gobierno. Resultado: mientras que la información del Estado ocupa las portadas de los diarios y se impone a las radios comunitarias, con frecuencia se edulcoran o censuran los artículos y reportajes que critican la gestión de esta crisis.


AMÉRICA

BRASIL (107º, -2)     

  

Frente al peligro del virus, se multiplican los ataques a la prensa

La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, en enero de 2019, ha contribuido en gran medida a que el país caiga en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras. Un descenso que continuará mientras Bolsonaro, apoyado por su familia y miembros del gobierno, siga insultando y humillando a algunos de los periodistas y medios de comunicación más importantes del país, generando un clima de odio y desconfianza hacia la prensa. Confrontado al peligro del virus –Brasil es uno de los países más afectados de América Latina–, el presidente ha multiplicado sus ataques contra la prensa.

 

“La población descubrirá en breve que fue engañada por los gobernadores de los estados y por la prensa”, afirmó el presidente durante una entrevista transmitida por el canal Record TV el 22 de marzo de 2020. Dos días después, el 24 de marzo, tras llamar al Covid-19 “pequeño resfriado”, acusó a una buena parte de los medios de comunicación de propagar un sentimiento de temor “para que la histeria se apodere de nuestro país”. El 28 de marzo el Ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, siguiendo los pasos del presidente, señaló en una entrevista que el trabajo de la prensa era “sórdido” y “tóxico”, e invitó a los brasileños a “apagar un poco la televisión”.

 

Ignorando las consignas de confinamiento de su propio gobierno y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el jefe de Estado publicó en las redes sociales videos en los que se le veía pasear por las calles, mezclándose con la población, los cuales fueron suprimidos por Twitter e Instagram –un hecho raro tratándose de un jefe de Estado– debido a su irresponsable postura.


EUROPA-ASIA CENTRAL

HUNGRÍA (89º, -2)        

     

Un control total e ilimitado de los medios de comunicación gracias a la “ley del coronavirus”

El Primer Ministro, Viktor Orbán, ha contribuido a que Hungría caiga en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras. Desde 2018 el país ha descendido 16 lugares. El mandatario se ha valido de la pandemia para reforzar su arsenal contra la libertad de prensa. Así, se aprobó la llamada “ley del coronavirus”, que ahora permite al gobierno de este país, miembro de la Unión Europea, sancionar hasta con cinco años de prisión la difusión de noticias falsas. Además, el poder ejecutivo puede, en primera instancia, decidir arbitrariamente si una información es verdadera o falsa. Gracias a esta nueva ley, las autoridades pueden controlar directamente a las redacciones que no siguen la línea oficial.


Esta ley también permite al gobierno legislar por decreto por un periodo indeterminado; una amenaza para los últimos bastiones de la información independiente. La situación ya era muy crítica antes de que esta ley se aprobara: para los periodistas independientes es difícil tener acceso a la información, pues no se les deja asistir a ciertas actividades, incluso se les prohíbe hacer preguntas a los diputados en el Parlamento. El panorama es aún más sombrío si se considera que, tomando como pretexto el coronavirus, el Primer Ministro se adjudicó plenos poderes. Esto estuvo acompañado de una campaña de descrédito: medios de comunicación cercanos al gobierno incitaron a que se “detuviera” a periodistas críticos, a los que calificaron de “colaboradores del coronavirus”; uno de ellos incluso llamó a un reportero “pobre idiota”. 


BIELORRUSIA (153º)     

     

Una represión exacerbada por la pandemia del Covid-19

En Bielorrusia, desde hace tiempo los periodistas de medios de comunicación independientes y los blogueros son uno de los principales blancos del gobierno. La crisis sanitaria exacerbó su represión, como lo muestra el caso de Serguéi Satsuk, conocido por sus investigaciones sobre el sistema de salud del país. Este periodista de investigación corre el riesgo de ser condenado a diez años de prisión por haber escrito en Ejednevnik, su medio de comunicación en línea, una editorial que cuestionaba las cifras oficiales sobre la pandemia del coronavirus. El periodista también criticó la orden del presidente de Bielorrusia, Alexánder Lukashenko, de “ocuparse de los medios de comunicación que cubren la pandemia”, a los que acusa de “sembrar el pánico”.. 


 

Por otra parte, desde el inicio de la pandemia los periodistas se enfrentan a una creciente falta de transparencia de las instituciones. El Ministerio de Salud, reticente a responder a las preguntas de los reporteros, no proporciona con regularidad datos sobre los casos de Covid-19. Este silencio favorece la propagación de rumores. El mismo presidente contribuye a la desinformación: “El tractor sanará a todo el mundo”, afirmó el 16 de marzo haciendo referencia a lo saludable que es el trabajo en el campo, negando el peligro del coronavirus. En su discurso, el mandatario también aconsejó beber vodka e ir al sauna para “matar el virus”.