Noticias

20 Abril 2016 - Actualizado el 3 Noviembre 2016

Brasil retrocede 5 lugares en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa (104º)

Reporteros sin Fronteras (RSF) constata que los conflictos de interés en los medios de comunicación brasileños persisten y que los actos de violencia cometidos contra periodistas siguen siendo muy preocupantes.

Brasil ocupa el lugar 104 en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa publicada por Reporteros sin Fronteras (RSF) el 20 de abril de 2016. Indudablemente, la posición 104, entre 180 países –en esta Clasificación que es una referencia en el mundo entero–, no está a la altura del país, que debería ser un modelo regional. Brasil ocupaba en 2010 el lugar 58. ¿Qué pasó? Un aumento de la violencia contra los periodistas y la falta de voluntad política para proteger de forma eficaz al gremio tienen mucho qué ver con ello. Además, no sólo se deterioró la situación relativa de Brasil (su posición respecto a otros países), sino también su situación en términos absolutos (su desempeño), pues su índice pasó de 25,78 puntos en 2014 a 31,93 en 2015 (a más puntos, peor calificación, por lo que se habla de un claro deterioro). Pese a todo, el gigante de América Latina sigue adelante de países como Ecuador (109º), Guatemala (121º), Colombia (134º), Venezuela (139º), México (149º) y Cuba (174º).


En Brasil, los principales obstáculos a la libertad de prensa y el clima de desconfianza hacia los periodistas han aumentado con la recesión económica y la inestabilidad política. El paisaje mediático sigue estando muy concentrado en manos de grandes familias de industriales cercanos a la clase política. El fenómeno del ‘coronelismo’, descrito por RSF en su informe El país de los 30 Berlusconi, sigue siendo de actualidad. Los ‘coroneles’ brasileños –esos terratenientes o industriales que a la vez son gobernadores, alcaldes o parlamentarios y, directa o indirectamente, poseen uno o varios medios de comunicación–, dominan las plataformas de comunicación en su territorio. La consecuencia es que, evidentemente, los medios de comunicación tienen una gran dependencia de los centros de poder.


El tratamiento que dieron los medios de comunicación a la crisis política que atraviesa el país, a inicios de 2016, muestra de forma clara este fenómeno: los principales medios invitaron a su audiencia, de manera apenas disimulada, a precipitar la caída de la presidenta Dilma Rousseff. Así, es difícil para los periodistas que trabajan en estos conglomerados mediáticos trabajar tranquilamente sin sufrir la influencia de intereses privados y partidistas. Estos constantes conflictos de interés perjudican mucho la calidad de la información difundida.


La falta de un mecanismo nacional que proteja a los periodistas que se encuentran en peligro, así como el clima de impunidad, alimentado por la corrupción omnipresente, explican también la caída del país. Brasil sigue siendo uno de los países más mortíferos de América para los periodistas, sólo le anteceden México y Honduras. En el año 2015, 7 periodistas fueron asesinados en el país; todos investigaban temas delicados como la corrupción o el crimen organizado. La presencia de éste en ciertas regiones alejadas de las grandes ciudades hace que la cobertura de estos temas se vuelva muy complicada. Asimismo, la impunidad que prevalece en la mayoría de estos asesinatos favorece la multiplicación de las agresiones.


Finalmente, los actos de violencia perpetrados por la policía militar contra los periodistas durante las manifestaciones o al margen de éstas –fenómeno observado desde 2013– siguen aumentando. Los reporteros locales y extranjeros que cubren las manifestaciones suelen ser insultados, amenazados, arrestados o padecer detenciones arbitrarias; también pueden ser agredidos por los manifestantes, que los asocian con los accionistas de los diarios para los que trabajan.


Desde 2002, RSF publica cada año la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, que mide el grado de libertad del que gozan los periodistas en 180 países. Éste se establece a través de una serie de indicadores: pluralismo, independencia de los medios de comunicación, ambiente y autocensura, marco legal, transparencia, infraestructura, agresiones.


Puede encontrar la metodología y la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2016 en el sitio web RSF.org.