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Clasificación de RSF 2019: ¿Se rompió un dique en Europa?

El debilitamiento de la libertad de prensa en Europa, que Reporteros sin Fronteras (RSF) ya había denunciado en las últimas ediciones de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, va a la par de una erosión de las instituciones, encarnada por gobiernos cada vez más autoritarios. Agresiones físicas y verbales, intentos de asesinato, homicidios: los periodistas europeos se enfrentan a múltiples presiones y formas de intimidación, así como a un acoso judicial creciente. Aunque Europa sigue siendo el continente en el que se garantiza más la libertad de prensa, los periodistas de investigación enfrentan cada vez más obstáculos para realizar su trabajo.

El debilitamiento de la libertad de prensa en Europa, que Reporteros sin Fronteras(RSF) ya había denunciado en las últimas ediciones de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, va a la par de una erosión de las instituciones, encarnada por gobiernos cada vez más autoritarios. Agresiones físicas y verbales, intentos de asesinato, homicidios: los periodistas europeos se enfrentan a múltiples presiones y formas de intimidación, así como a un acoso judicial creciente. Aunque Europa sigue siendo el continente en el que se garantiza más la libertad de prensa, los periodistas de investigación enfrentan cada vez más obstáculos para realizar su trabajo.

 

El asesinato de tres periodistas–en Malta, Eslovaquia y Bulgaria– en poco menos de un año, hizo que la opinión pública internacional tomara consciencia de que Europa ya no era un santuario para los periodistas, sobre todo cuando trabajan en casos relativos a la corrupción, la evasión fiscal o la malversación de fondos europeos –delitos que a menudo se cometen en colusión con la mafia, uno de los peores depredadores de los periodistas de investigación

 

Paolo Borrometi, periodista siciliano especialista en redes criminales, sigue con vida gracias a la protección permanente de la policía italiana. En mayo de 2018 los servicios de seguridad frustraron un plan para asesinarlo, orquestado por la mafia siciliana. “Un muertito sirve para darle una buena lección a los otros”, señaló́ uno de los mafiosos cuando lo arrestaron. Al igual que Borrometi y que el periodista Roberto Saviano, en Italia (43º, +3) actualmente cerca de veinte reporteros viven bajo la protección de una escolta policíaca las 24 horas del día. En este contexto, son muy preocupantes las amenazas del Ministro del Interior, Matteo Salvini, respecto a la protección otorgada a Saviano. Después de que el periodista criticó la política migratoria del gobierno italiano, el ministro lo amenazó con quitarle la protección policíaca con la que cuenta desde hace varios años.

 

En un entorno cada vez menos seguro, la necesidad de que los periodistas cuenten con protección policíaca ha aumentado incluso en los países ubicados en los primeros lugares de la Clasificación. En los Países Bajos (4º, -1), por ejemplo, se otorgó protección policíaca permanente a dos periodistas que abordaban temas relativos a las organizaciones criminales. Por otra parte, en Suecia (3º, -1) se observa un recrudecimiento del ciberacoso contra periodistas que investigan el crimen organizado o las cuestiones religiosas. 

 

Doble amenaza: agresiones en las redes sociales y de los Estados corruptos

 

Aunque en Montenegro (104º, -1), país candidato a pertenecer a la Unión Europea, se registran graves ataques a la prensa, parece que la protección de los periodistas no es una prioridad del gobierno. Han pasado meses sin que las autoridades hayan detenido a los sospechosos de la agresión que sufrió la periodista de investigación Olivera Lakic, especialista en el tema del crimen y la corrupción –en mayo de 2018 le dispararon afuera de su casa, la hirieron en una pierna–. En cambio, Jovo Martinovic, periodista de investigación especializado en el crimen organizado en los Balcanes, fue sentenciado en enero de 2019 a 18 meses de prisión por haber investigado el tráfico de armas en la región, a pesar de que se presentaron pruebas contundentes de que su relación con los criminales se debía exclusivamente a su trabajo periodístico. 

 

En países como Bulgaria (111º y aún en luz roja) –que sigue estancado debido a su corrupción endémica y a la ineficacia de su sistema judicial– los periodistas molestan en cuanto empiezan a investigar el tráfico de influencias a escala internacional, entre dirigentes políticos y redes mafiosas, o la malversación de fondos europeos. Así, los periodistas búlgaros suelen verse atrapados entre las tenazas del crimen organizado y el gobierno, que lejos de defenderlos los persigue. En septiembre de 2018 la policía detuvo a dos periodistas de investigación de medios de comunicación independientes que investigaban el desvío de fondos europeos. 

 

Un abanico de amenazas que tienen como telón de fondo la corrupción 

 

De un extremo a otro del continente, los periodistas son agredidos cuando revelan casos de corrupción. En Rumania (47º,-3), que preside el Consejo de la Unión Europea, los periodistas de RISE Project, sitio web que difunde trabajos de investigación, padecieron presiones de las autoridades cuando investigaban casos de desvío de fondos europeos. Éstas recurrieron al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea para obligar a los periodistas a revelar sus fuentes informativas

 

En ocasiones se atenta contra la integridad física de los periodistas para disuadirlos de que lleven a cabo sus investigaciones. Es el caso de Serbia (90º, -14), donde en 2018 aumentaron los ataques violentos a periodistas –denunciados reiteradamente por RSF– que investigaban casos de corrupción. En diciembre de 2018 incendiaron la casa de Milan Jovanovic; el periodista logró escapar del atentado. El autor intelectual del ataque, un alcalde miembro del Partido Progresista Serbio (SNS, por sus siglas en inglés, partido del presidente Aleksandar Vucic), fue detenido; el periodista recibió protección de las autoridades y ahora cuenta con una escolta permanente. 

 

En Malta (77º, -12), país que sigue cayendo en la Clasificación, se observa un preocupante y tenso ambiente, en el que sigue resonando de forma dolorosa el asesinato de Daphne Caruana Galizia. No obstante, un puñado de periodistas busca continuar el trabajo de realizaba esta bloguera y seguir denunciando los casos de corrupción y de blanqueo de dinero en el país. Su determinación no sólo debe enfrentarse al miedo, también a las grandes presiones judiciales. 

 

Polonia (59º, -1) no es una excepción y retrocede en la Clasificación por cuarto año consecutivo. El exministro de Defensa, Antoni Macierewicz, emprendió un proceso ante un tribunal militar contra el periodista Tomasz Piatek, al que acusó de terrorismo; el reportero había revelado los presuntos nexos de dicho ministro con organizaciones criminales rusas. Los periodistas del diario Gazeta Wyborcza también están en el punto de mira de las autoridades y podrían ser condenados a penas de prisión por haber cuestionado al líder del Partido Ley y Justicia (PiS, por siglas en polaco, en el poder), Jaroslav Kaczynski, implicado en el caso de una construcción que provocó polémica. 

 

Retórica contra los medios de comunicación

 

En 2018 se observó otro fenómeno preocupante en Europa: en muchos países democráticos se desataron los discursos contra la prensa y la retórica contra los medios de comunicación. Se declaró persona non grata a periodistas; funcionarios de las más altas esferas del gobierno amenazaron e insultaron a reporteros. Esta tendencia va en aumento, en particular en Francia (32º, +1), donde el líder de la Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, señaló que el odio a los periodistas es “sano y justo”. 

 

En Hungría (87º, -14), los dirigentes de la Unión Cívica Húngara (Fidesz) –partido del primer ministro, Víktor Orbán– se niegan a hablar con los periodistas que no forman parte de los medios de comunicación “amigos deFidesz”. Hace unos meses el mismo Víktor Orbán se negó a responder a las preguntas del canal de noticias HírTV–crítico frente al gobierno–, argumentandoque este medio de comunicación no era más que un concentrado de “información falsa”. A algunos periodistas incluso se les niega el derecho a hablar con miembros del gobierno y a hacerles preguntas durante las conferencias de prensa. 

 

Las críticas a los medios de comunicación que ponen en tela de juicio su trabajo constantemente se ha vuelto un arma política que debilita al periodismo. Asimismo, los dirigentes políticos no dudan en servirse de los medios de comunicación públicos, a los que transforman en instrumentos de propaganda o para defender sus intereses. El uso de estos medios para presionar a los periodistas no es nuevo, pero sí que esta práctica se haya expandido tanto. En Polonia, donde el gobierno conservador del PiS ha transformado el sistema audiovisual público en un sistema audiovisual del Estado, la televisión polaca (TVP) fue cuestionada por su papel en el asesinato del alcalde de Gdansk, Pawel Adamowicz. El medio de comunicación pronunció su nombre al aire 1.800 veces en un año, siempre con el fin de desacreditarlo. Por si fuera poco, el director de la cadena prometió demandar penalmente a todos los periodistas que relacionen estos discursos de odio de la TVPcon el asesinato del alcalde. 

 

De la palabra a los actos: el paso a otra etapa 

 

Estos ataques verbales y estas amenazas a los medios de comunicación en toda Europa incitan a cometer actos de violencia. Una muestra del odio al periodismo, al pluralismo, una especie de chantaje antidemocrático. En Francia, la aversión a los medios de comunicación característica de los “chalecos amarillos” lo ilustra de manera preocupante. Ésta se ha traducido en agresiones e intimidaciones a periodistas sin precedentes en el país. En enero, en Toulouse, una periodista de La Dépêche du Midi fue agredida por una horda de manifestantes, que la insultó y amenazó con violarla. Desde el inicio de este movimiento se han registrado decenas de incidentes graves, tanto agresiones de manifestantes a periodistas, como casos de violencia de las fuerzas de la policía –como el uso excesivo de balas de defensa, sobre todo contra fotorreporteros. 

 

A las amenazas e intimidaciones, se suma el creciente acoso judicial –que puede agotar los recursos económicos de los acusados–, una práctica muy disuasiva empleada contra los periodistas en toda Europa. Los adversarios de la prensa emprenden procesos judiciales “mordaza”–SLAPPs (Strategic Lawsuits Against Public Participation)– por difamación, con los que buscan intimidar y hacer callar a los periodistas, así como obtener indemnizaciones por daños y perjuicios. En Francia muchos periodistas han sido demandados por grandes empresas, como Vinci y Bolloré, grupo que ha emprendido numerosos procesos judiciales por difamación –en Francia y en el extranjero– por artículos y reportajes (escritos y audiovisuales), burlando la ley de 1881 relativa a la libertad de prensa.

 

Esta artimaña, con la que se busca agotar los recursos financieros de los periodistas, también se emplea con frecuencia en Malta. Daphne Caruana Galizia fue víctima de un verdadero acoso judicial hasta su muerte. Ahora es The Shift News, sitio web que difunde trabajos periodísticos de investigación, el que está en el punto de mira de los poderosos. Aunque Croacia (64º, +5) registra un buen desempeño en la Clasificación, bate todos los récords en ese sentido: la Asociación de Periodistas Croatas (HND, por sus siglas en croata) registró más de 1.000 demandas judiciales contra periodistas o empresas de prensa, a menudo interpuestas por dirigentes políticos y funcionarios. 


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