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Clasificación de RSF 2019: Europa del Este y Asia Central, un descarrío general y algunos rayos de esperanza

La zona de Europa del Este y Asia Central sigue siendo la penúltima en la Clasificación Mundial, a pesar de que se registraron cambios contrastantes en algunos países. Los gobiernos de Rusia y de Turquía siguen dando el mal ejemplo con los peores déspotas de la región. Sin embargo, el ascenso de algunos Estados muestra que siempre es posible superar las condiciones más difíciles.

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La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2019 de Reporteros sin Fronteras (RSF) registró una mayor volatilidad en la zona de Europa del Este y Asia Central, aunque esto no tiene nada que ver con dos pesos pesados en el escenario internacional: Rusia y Turquía, que siguen siendo laboratorios de represión. En Turquía (157º), unholding cercano al gobierno compró el mayor grupo de prensa turco. Asimismo, el cerco sigue estrechándose en torno alas últimas publicaciones críticas. Turquía es la mayor prisión del mundo para los profesionales de los medios de comunicación; sistemáticamente se recurre a la prisión preventiva, los periodistas pueden ser sentenciados hasta a cadena perpetuaEl representante de RSF en Turquía, Erol Önderoğlu, está acusado de hacer “propaganda terrorista” por haber defendido a un diario kurdo. Además, no contentas con bloquear cada año miles de textos y con encarcelar a internautas por un simple “like”, lasautoridades ahora buscan tomar el control de los servicios de video en línea.

 

Corrupción: investigaciones de alto riesgo 

 

Turquía también es el único país del mundo en el que se juzgó a un periodista por haber participado en la investigación de los “Papeles del Paraíso” (Paradise Papers): la reportera Pelin Ünker fue condenada en primera instancia a 13 meses de prisión y a pagar una elevada multa. Una muestra, entre otras, de la persecución al periodismo de investigación, que el gobierno turco califica de “destructor” y “antipatriótico”. Uno de los principales temas tabú es la corrupción, sobre todo desde un escándalo que hizo vacilar al gobierno de Recep Tayyip Erdoğan, en 2013.

 

El periodismo de investigación es también la pesadilla de una buena parte de los países de la antigua Unión Soviética, en los que la corrupción es un problema mayor desde hace tiempo. La mayoría de los periodistas encarcelados en Rusia y en Azerbaiyán cubría este tema, peligroso de abordar. En Tayikistán el experiodista Khaïrullo Mirsaïdov fue detenido después de que dio a conocer las presuntas malversaciones cometidas por altos funcionarios. En Kazajistán, las autoridades registraron las redacciones de dos medios de comunicación que hasta ahora se habían mantenido a salvo de estas medidas. En Ucrania, por investigaciones similares, las autoridades pusieron bajo vigilancia a periodistas de investigación o los obligaron a cooperar con ellas y a revelar sus fuentes informativas. 

 

Cortar el acceso a Internet ya no es una línea roja

 

Rusia (149º), ubicada enuna zona de la Clasificación donde ganar posiciones es muy preciado,descendió un lugar debido a que el gobierno ejerce aún mayores presiones en los medios de comunicación independientes: avalancha de leyes liberticidas, detenciones y registros arbitrarios, impunidad, violencia policíaca. El cuarto mandato de Vladimir Putin comienza con malos augurios. Al intentar bloquear el sistema de mensajería cifrada Telegram, a pesar de los graves daños colaterales que esto implica, el gobierno ruso muestra su determinación para alcanzar su objetivo de imponer un “Internet soberano”. En lo que logra superar los obstáculos técnicos, el Kremlin ha incrementado su control de la Red, la principal fuente de información de una juventud que escapa cada vez más a la propaganda televisiva: las autoridades censuran los motores de búsqueda, bloquean herramientas para evadir la censura, obligan a las plataformas a cooperar con el Servicio Federal de Seguridad (FSB, agencia de espionaje).

 

Si Moscú lo conceptualiza, la censura de Internet se ha generalizado. A tal grado, que para los regímenes autoritarios de la región, lo mínimo es bloquear los sitios web informativos críticos. En sintonía con la tendencia mundial, las autoridades de Tayikistán, Kazajistán e Ingusetia, no dudan en interrumpir puntualmente el acceso al Internet móvil, las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea, para contener las manifestaciones y reducir su cobertura periodística. 

 

Transiciones políticas que afectan la libertad de la prensa

 

En una región en la que todo está paralizado, hubo países que experimentaron grandes cambios, pero estos son tan pocos que no es fácil observarlo (sobre todo porque se trata de ascensos en la Clasificación). Uzbekistán (160º, +5) deja de formar parte de la zona “negra” del mapa, en la que se encuentran los países con la peor situación en términos de libertad de prensa. Tras la muerte del dictador Islam Karimov (en2016), comenzó el deshielo: los periodistas que estaban encarcelados fueron puestos en libertad y algunos medios de comunicación ya se atreven a abordar temas delicados. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para acabar con la censura y la autocensura, que reinan en el país desde hace mucho tiempo. 

 

Otros ascensos significativos son los de Armenia (61º, +19) y Kirguistán (83º, +15), que se encontraban en una zona muy volátil de la Clasificación. En el caso de Armenia, los nuevos medios de comunicación y las redes sociales dieron amplia difusión a la “Revolución de Terciopelo”, que permitió reducir el control que ejercía el gobierno en el servicio audiovisual público. En Kirguistán, el expresidente, Almazbek Atambáyev, y su sucesor, Sooronbay Jeenbekov, abandonaron sus demandas judiciales contra los periodistas críticos, lo que puso fin a las indemnizaciones estratosféricas por daños y perjuicios. Esto permite que el país dé vuelta a la página, tras una secuencia electoral que tuvo grandes repercusiones en los medios de comunicación. Sin embargo, hasta que no se realice una reforma legislativa definitiva, los periodistas estarán a la merced de los vaivenes políticos. 

 

Ante la cercanía de importantes comicios en 2019, se ha acentuado la polarización en Ucrania (102º, -1) y Moldavia (91º, -10). Esto ha deteriorado el ambiente en que trabajan los periodistas. Han proliferado los intentos de manipulación y se ha puesto de manifiesto el peso de los oligarcas en los grandes medios de comunicación. Tensiones que explican ampliamente que estos dos países hayan descendido en la Clasificación. 

 

El último mundo: el triste desempeño de Turkmenistán

 

Más de la mitad de los países de esta región se ubican cerca del lugar 150 de la Clasificación o en una posición inferior; por si fuera poco, la situación de aquellos que se encuentran en los últimos lugares no deja de empeorar. Turkmenistán (180º, -2) ocupa el último lugar en la Clasificación, justo abajo de Corea del Norte y de Eritrea. Este triste desempeño es resultado de varios años de endurecimiento, en los que las autoridades persiguieron sin cesar a los últimos corresponsales de medios de comunicación exiliados que aún trabajaban en el país (clandestinamente). 

 

En el caso opuesto al deshielo que vive Uzbekistán, se encuentra Tayikistán (161º, -12), que se acerca peligrosamente a la zona “negra” de la Clasificación. La mayoría de los medios de comunicación independientes se han visto obligados a cerrar o a exiliarse; los pocos que quedan intentan resistir al bloqueo de sus sitios web y a las presiones constantes del gobierno encaminadas a que se autocensuren, lo que hace de Tayikistán el segundo país peor clasificado de Asia Central. 

 

Del otro lado del mar Caspio, el gobierno de Azerbaiyán (166º, -3) sigue persiguiendo a las últimas voces críticas. La represión también se ha endurecido en Bielorrusia (153º), donde las autoridades han impuesto cerca de cien multas a periodistas bielorrusos que trabajan como corresponsales de medios de comunicación en exilio, han bloqueado portales informativos de referencia, intimidado a publicaciones independientes que hasta ahora se mantenían a salvo y endurecido la legislación. Es paradójico que este país ascienda en la Clasificación. Esto se explica porque se registraron menos detenciones respecto a 2017 y por el deterioro de la situación en el resto del mundo. 

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