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11 Febrero 2021

Birmania: La libertad de prensa retrocede diez años con el golpe de Estado

Pro-democracy demonstrators face riot police on an avenue in the capital, Naypyidaw, on 9 February (photo: STR / AFP).
Diez días después del golpe de Estado de Tatmadaw, nombre con el que se conoce a las fuerzas armadas birmanas, Reporteros sin Fronteras (RSF) ha evaluado las dificultades encontradas por los periodistas sobre el terreno, que incluyen amenazas, intimidación y censura. Birmania regresa adonde estaba hace diez años, antes de que la disolución de la junta permitiera el surgimiento de la libertad de prensa, en febrero de 2011.

La situación empeora cada día. Un periodista para la agencia Democratic Voice of Burma (DVB), cuyo nombre no se ha facilitado, fue detenido el 9 de febrero mientras cubría las manifestaciones en Mandalay, en el centro del país, donde la ley marcial se impuso tres días antes.

Este mismo día, Than Htike Aung, reportero del digital Mizzima News, fue herido cuando la policía le disparó con balas de goma mientras cubría una protesta en Naypyidaw, la capital.

Fuera del país, los periodistas han estado sumamente activos en su cobertura de la situación actual de Birmania. Los medios de comunicación que tienen sus sedes en el extranjero, como DVB y Mizzima, radicados en Tailandia, o la emisora estadounidense Radio Free Asia, pueden ignorar la censura impuesta por la nueva junta, pero no es el caso para los medios locales.

 

Sin poder mostrar la realidad  


Los medios de comunicación con sede dentro del país, como el Standard Times o aquellos que forman parte del grupo Eleven Media, no pueden informar de la situación real”, ha declarado a RSF un periodista de Rangún (capital económica de Birmania) que prefiere mantenerse en el anonimato. “No pueden arriesgarse ni tomar partido. Si van demasiado lejos al informar sobre la verdad, terminaran indudablemente en la cárcel”.

El día siguiente al golpe de estado del 1 de febrero, los periodistas empezaron a escuchar de una fuente confidencial cercana al ejército que se estaba distribuyendo una “lista negra” de periodistas a los que iban a detener.

Cada noche escuchamos diferentes rumores sobre las detenciones a periodistas”, afirma otra periodista de Rangún. “Todas las mañanas, cuando leo las noticias, me preocupa ver que alguien a quien quiero haya sido detenido esa noche”.

La nueva junta dice que quiere establecer una “democracia disciplinada” pero aún tiene que informar a los medios de comunicación sobre cómo piensa manejarlos. “Estamos trabajando con muchísima incertidumbre”, añadie esta periodista. “No tenemos ni idea de si nos dejarán cubrir los eventos abiertamente o no”.

El deseo de cubrir lo que está sucediendo ahora mismo plantea un dilema para muchos periodistas. “Durante los últimos días, hemos estado cubriendo este momento histórico con mucho miedo”, confiesa un periodista freelance, que también ha pedido a RSF que no publicase su nombre. “Pero sigo cubriendo lo que sucede porque es muy importante proporcionar información real desde el terreno”.

 

Retirada imposible  

Con los medios estatales limitándose a transmitir propaganda militar, las redes sociales se han convertido en la principal fuente de noticias. Pero la gente ha tenido que usar VPN (redes privadas virtuales) para evitar el bloqueo que hay sobre las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram desde el 2 de febrero.

Con esta censura, amenazas e intimidaciones, la libertad de prensa ha retrocedido diez años en diez días”, lamenta Daniel Bastard, jefe del departamento para Asia y Pacífico de RSF. “Pedimos a los comandantes del Tatmadaw que permitan a los periodistas cubrir libremente las grades manifestaciones pacíficas. Esta es la mejor manera de asegurarse de que no se vuelvan violentas. Los militares deben entender que el pueblo birmano está acostumbrado a la libertad de prensa. Un regreso repentino al pasado está claramente fuera de la discusión”.

La junta militar que había estado en el poder durante medio siglo fue disuelta exactamente hace diez años, en febrero de 2011. Decenas de periodistas y blogueros fueron liberados gracias a una amnistía unos meses después. Poco después, se abolió la censura previa para todos los medios de comunicación, que hasta entonces estaban obligados a enviar cualquier historia sobre política o religión a las autoridades para que dieran su aprobación.

Después de estar en una lista negra que prohibía a RSF visitar Birmania durante 25 años, la organización publicó un informe titulado “La primavera birmana”, en enero de 2013, que examinaba las esperanzas generadas por estos avances y sus limitaciones.

Birmania ocupa el puesto 139 de los 180 países de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2020 de Reporteros Sin Fronteras.