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Una bella postal para los periodistas del Pacífico, pero no para Asia


En la mayoría de los países de Asia se registró un deterioro significativo o un relativo estancamiento de la situación de la libertad de prensa. Las democracias de Asia Oriental, que antes eran consideradas modelos regionales, declinaron.

A un año de que la ley de secretos de Estado entró en vigor en Japón (72o, -11 lugares), numerosos medios de comunicación, incluidos los públicos, han sucumbido a la autocensura, sobre todo cuando se trata del Primer Ministro, y carecen de independencia. En Corea del Sur (70o, -10), las relaciones entre el gobierno y la prensa se han vuelto más tensas bajo la presidencia de Park Geunhye. En Hong Kong (69o), la independencia de los medios de comunicación, que se ve afectada por los intereses de las empresas chinas, sigue siendo el principal reto para la libertad de información.


En China (176o), el Partido Comunista amplió aún más los límites de la represión: se registraron secuestros, confesiones forzadas televisadas, amenazas a familias; los periodistas se exponen a todo. En febrero pasado, cuando visitó los principales medios de comunicación del país, el presidente Xi Jinping recordó su visión totalitaria de la prensa, señalando que los medios de comunicación “deben amar al Partido, protegerlo y alinearse perfectamente a la ideología, las políticas y las acciones de sus líderes”. No se puede ser más claro.


Birmania (143o) y Filipinas (138o) habían registrado una mejora en 2015. No obstante, en 2016 sus calificaciones se deterioraron, dejando entrever los límites de las reformas y de las medidas tomadas por las autoridades para favorecer la seguridad y la libertad de los medios de comunicación. Singapur (154o) registró el segundo deterioro más grave de la región; el peor corresponde al Sultanato de Brunéi (155o, -34), que continúa presenciando la progresiva instauración de la sharia, mientras que las amenazas de acusaciones de blasfemia provocan una fuerte autocensura. Por su parte, los gobiernos de India (133o) y de Bangladesh (144o), cuando no se encuentran directamente implicados en los ataques a la libertad de los periodistas, suelen permanecer pasivos frente a la inseguridad que amenaza a los medios de comunicación.


El mayor progreso en esta zona es el de Sri Lanka (141o, +24), donde los periodistas ya no padecen las amenazas telefónicas ni las desapariciones forzadas orquestadas por el clan Rajapaksa –en particular por Gotabaya Rajapaksa, ex secretario de Defensa y hermano del presidente–. Es una buena noticia que los medios informativos recuperen la libertad de expresión en este país, aunque aún están lejos del dinamismo y la combatividad de los medios de comunicación de Samoa (29o, +11), donde la ley del Consejo de Medios, adoptada a inicios de 2015, permitió despenalizar la difamación, así como reforzar el pluralismo y la capacidad de crítica de la prensa. En Tonga (37o, +7), desde las primeras elecciones democráticas de 2010 los medios de comunicación independientes asumieron su papel de contrapoder. En Fiyi (80o, +13), pese a las amenazas que podrían pesar sobre los periodistas debido a ciertas disposiciones de la Constitución y la ley, los medios de comunicación confirman su independencia, mejoran el debate público y cada vez ceden menos a la autocensura. Una linda postal del Pacífico.