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10 Enero 2009 - Actualizado el 20 Enero 2016

Reporteros sin Fronteras pide que la SADC intervenga en favor de Jestina Mukoko


El 9 de enero de 2009, en una carta dirigida a Tomaz Salamao, secretario ejecutivo de la Comunidad de Desarrollo del Africa Austral (SADC), Reporteros sin Fronteras ha pedido a la organización regional que presione al gobierno de Robert Mugabe para conseguir, en el menor plazo posible, la puesta en libertad de Jestina Mukoko. En efecto, la organización condena el comportamiento de los tribunales de Zimbabwe, que no cesan de retrasar el juicio de la periodista y militante de los derechos humanos, de manera que se prolongue su detención. Jestina Mukoko fue torturada y su estado de salud ha empeorado considerablemente. “El juicio de Jestina Mukoko, y de quienes están acusados con ella, es una mascarada; se están burlando los derechos de los reos y poniendo en peligro su salud. No existe ninguna duda de que los jueces encargados del proceso reciben órdenes de las autoridades políticas del país, cuyo ensañamiento con los militantes de oposición no tiene parangón y amenaza con hacer fracasar el acuerdo de compartir el poder”, ha declarado la organización. El 6 de enero, la magistrada Olivia Mariga decidió retrasar el juicio de Jestina Mukoko, lo que supone que continuará en detención provisional al menos hasta el 14 de enero, mientras que, el 24 de diciembre de 2008, una sentencia del Alto Tribunal había pedido que fuera trasladada a un hospital. La magistrada justifica el retraso en la actitud de la defensa, que se está dedicando a hacer gestiones para conseguir que se acate la decisión del Alto Tribunal. Jestina Mukoko compareció ante un tribunal de Harare, junto con otros varios militantes, el 24 de diciembre, y de nuevo el 5 de enero; después de lo cual el juicio se retrasó 24 horas. Los militantes, inculpados de “complot terrorista con la intención de derrocar al presidente Robert Mugabe”, están acusados de reclutar voluntarios para entrenarles militarmente en Bostwana, con el objetivo de derrocar al gobierno de Zimbabwe. Están internados en la prisión de alta seguridad de Chikurubi, donde Jestina Mukoko se encuentra aislada. Según su abogada, Beatrice Mtetwa, la periodista carece de medicinas y su estado de salud es muy preocupante. Jestina Mukoko ha asegurado haber sufrido malos tratos y tortura durante su detención. Unos agentes de seguridad le habrían pegado puñetazos varias veces, y también le agredieron con herramientas cortantes, sobre todo en la planta de los pies; después le obligaron a arrodillarse, desnuda, sobre la grava. La antigua presentadora de la Zimbabwe Broadcasting Corporation (ZBC), y después de la emisora privada Voice of the People (VOP), fue secuestrada el 3 de diciembre en su domicilio de Norton (a 40 km. al oeste de la capital, Harare), por quince hombres vestidos de civil. Jestina Mukoko dirige la organización de defensa de los derechos humanos “Zimbabwe Peace Project” (ZPP), que regularmente ha venido dando cuenta de la violencia que ha salpicado el año 2008. Por otra parte, el periodista gráfico independiente Shadreck Manyere, secuestrado el 13 de diciembre de 2008, compareció el 7 de enero en un tribunal de Harare. Acusado de “actos de bandidaje”, “sabotaje” y “terrorismo”, pueden condenarle a una pena de entre 20 años y cadena perpetua. Las autoridades le acusan de estar presuntamente implicado en los atentados con bomba que, el 17 de noviembre, afectaron al Departamento de Investigación Criminal de Harare y al puente sobre el río Manyame en Norton (a 40 km. de Harare), así como en el ataque a la comisaría central de la capital, que tuvo lugar el 20 de noviembre. Finalmente, Reporteros sin Fronteras lamenta la decisión de las autoridades de Zimbabwe de aumentar las tarifas de las acreditaciones para medios de comunicación extranjeros. Las prohibitivas sumas que piden hacen prácticamente imposible que los periodistas independientes, y sobre todo los africanos, puedan viajar a Zimbabwe. Ahora tienen que desembolsar más de 10.000 dólares USA para que les autoricen trabajar en el país. Una decisión que esconde mal el desprecio que las autoridades sienten por la prensa en general, y la internacional en particular, así como su intención de organizar un black-out informativo sobre la situación política, económica y sanitaria del país.