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11 Marzo 2011 - Actualizado el 20 Enero 2016

Cuba


El régimen le teme más a los blogueros que a los disidentes tradicionales, así que decidió ampliar su presencia en línea para oponérseles. La llegada a la isla del cable venezolano de fibra óptica le ofrece ahora al régimen medios para mejorar la velocidad de conexión y disminuir costos. Las excusas para continuar con la censura y mantener a la población al margen de la Web ya no se sostienen. ¿Presenciamos las primicias de una Primavera de la Web ahora que casi todos los periodistas víctimas de la Primavera Negra de marzo de 2003 han sido liberados?

Fibra óptica en Cuba: ¿un potencial de desarrollo inédito?

Cerca de 10% de la población cubana está conectada, si le creemos a las autoridades. Sin embargo, esto no quiere decir que ésta tenga acceso a la World Wide Web. Dos redes paralelas coexisten en la isla: la red internacional y el intranet cubano, muy controlado, que se resume en una enciclopedia, direcciones de correo electrónico con la terminación .cu utilizadas por las universidades y los miembros del gobierno, un Wikipedia cubano y sitios informativos del gobierno, como el Granma, etc.

Al exterior, en los hoteles, sólo algunos privilegiados cuentan con una autorización especial para conectarse a la red internacional. Ésta no escapa a la censura, dirigida principalmente a las publicaciones de los disidentes en sitios extranjeros. Una censura que, es cierto, disminuyó un poco a principios de febrero de 2011.

El régimen no posee los medios para instalar un sistema de filtraje sistemático, pero cuenta con varios factores para limitar el acceso a Internet: la lentitud de las conexiones y el costo exorbitante de éstas –cerca de 1,5 dólares la hora desde los puntos de acceso a la intranet controlados por el Estado y 7 dólares la hora en un hotel para tener acceso a la red internacional, mientras que el salario medio mensual es de 20 dólares–. Estos obstáculos explican por qué el número de internautas y el tiempo de conexión continúan siendo restringidos. La mayoría de los internautas se contentan con leer y contestar sus mails. No tienen tiempo de navegar y surfear en Internet.

Durante años el régimen cubano ha responsabilizado al embargo estadounidense por la mala calidad de su conexión a la Red, que impide a la isla acceder a las redes internacionales. Este problema está siendo resuelto gracias a la instalación del cable submarino de fibra óptica ALBA-1, que conecta a Cuba con Venezuela desde febrero de 2011, lo que multiplica por tres mil la capacidad de conexión de Cuba al resto del mundo. Se prevé que comience a funcionar en julio de 2011.

Las conexiones a la red internacional se realizan por ahora vía satélite, cuyos costos son prohibitivos. Teóricamente, la fibra óptica permitiría bajar los precios de acceso a la Red y mejorar la velocidad de conexión.

Sin embargo, no hay que esperar una democratización de Internet en el país o un acceso libre y generalizado a corto plazo.

Las autoridades toman sus precauciones cuando hablan de esta novedad. El Viceministro de Informática, José Luis Perdomo, subrayó en febrero de 2011 que el cable “no es una varita mágica” y que aún habrá que invertir mucho en infraestructura para abrir a los cubanos el acceso a Internet. Según él, no existe “ningún obstáculo político” para esta apertura. Por el momento, el acceso a la Red permanecerá reservado a un “uso social”: instituciones, universidades y a algunos profesionales, como los médicos y los periodistas. “Nuestra prioridad es continuar con la creación de centros de acceso colectivos y reforzar las conexiones de los centros de investigación científica, universitaria y médica”, indicó.

El sistema “arrégleselas como pueda”

Un verdadero mercado negro prosperó. Este, ofrece la compra o el alquiler de contraseñas y códigos de algunos individuos y sociedades que recibieron por parte del partido el permiso de acceso a Internet. La navegación cuesta 50 dólares al mes, el envío o la recepción de un mail un dólar en algunos “centros piratas”. Los usuarios ilegales deben conectarse de preferencia en la noche.

Las conexiones a la red internacional son posibles desde las residencias extranjeras o privadas.

Algunos disidentes twitean enviando sms a cuentas del extranjero, otros insertan cartas SIM extranjeras en sus teléfonos móviles para tener acceso a la Red. Todos los medios son buenos para pasar la información, pero estos tienen un costo elevado.

Los blogueros independientes no pueden acceder directamente a sus sitios, que no se encuentran albergados en la isla. Están obligados a pedir a contactos en el extranjero que publiquen sus artículos y posts. Para ello, siguen un procedimiento enrevesado: primero preparan sus escritos, los copian en una memoria USB y luego los envían por correo electrónico desde un hotel u otro lugar. En los hechos, los disidentes tienen cada vez más dificultades para acceder a los hoteles turísticos. Las memorias USB, que también pasan de mano en mano, son en Cuba los nuevos vectores de la libertad de expresión, los samizdat digitales.

Diabolización de los blogueros y de las redes sociales: ¿una guerra fría digital?

En 2009 el régimen comenzó a sentir celos de la creciente popularidad de algunos de sus blogueros, entre los que se encontraba Yoani Sánchez, quien fue agredida, interpelada y víctima de campañas de difamación. Otros blogueros como Luis Felipe Rojas han sido arrestados varias veces.

El ciberdisidente Guillermo Fariñas Hernández (“El Coco”), quien recibió el premio Sakharov 2010, otorgado por el Parlamento Europeo, fue arrestado tres veces en 48 horas en enero de 2011. Su única culpa fue defender la libertad de informar y de circular libremente.

El arsenal jurídico contra los críticos en la Red continúa siendo particularmente disuasivo. Los internautas cubanos corren el riesgo de pasar hasta veinte años en prisión si publican en algún sitio de Internet albergado en el extranjero un artículo considerado “contrarrevolucionario” y cinco si se conectan a una red internacional de manera ilegal.

El problema preocupa cada vez más a las autoridades, que temen el poder de movilización de las redes sociales, tras los ejemplos tunecino y egipcio. Cables diplomáticos estadounidenses difundidos por WikiLeaks en diciembre de 2010 revelaron que el régimen cubano se sentía más amenazado por los blogueros que por los disidentes “tradicionales”.

En un telegrama con fecha del 15 de abril de 2009 se describía a los disidentes como “un movimiento tan antiguo y alejado de la vida cotidiana de los cubanos como el mismo gobierno”. Por el contrario, un cable del 20 de diciembre de 2009 subrayaba que los blogueros son una “amenaza mucho más seria” para La Habana.

Estados Unidos ve en la denuncia de los arrestos y los malos tratos infligidos a los netciudadanos cubanos una herramienta política preciosa, porque estos representan “un grupo que frustra y asusta al gobierno cubano como ningún otro antes”. “La popularidad de los blogueros, (…) su amplio adelanto tecnológico sobre las autoridades, causan muchos problemas al régimen”. El diplomático estadounidense concluye: “Creemos que la joven generación de disidentes ‘no tradicionales’ tiene muchas posibilidades de tener un impacto importante en una Cuba pos Castro”.

Otro telegrama subraya que “los jóvenes, de los que forman parte los blogueros, (…) son mejores que los disidentes tradicionales para adoptar posturas ‘contestatarias’, teniendo un gran poder de atracción entre la población”.

Parece que los dirigentes cubanos coinciden con este análisis. Desde febrero de 2011 circula en Internet un video de unos 50 minutos. Un experto, de identidad desconocida, detalla frente a funcionarios cómo el enemigo estadounidense apoya la ciberdisidencia cubana. Tomando como ejemplo a la bloguera Yoani Sánchez, éste afirma que “se está organizando una red de mercenarios virtuales que no son los contrarrevolucionarios tradicionales”. El experto llama a neutralizar estas nuevas fuerzas: “Ser un bloguero no está mal. Ellos tienen los suyos y nosotros los nuestros. Vamos a pelear para ver cuál de los dos grupos resulta ser más fuerte".

La respuesta del gobierno: ocupar el terreno

Ahora las autoridades intentan desarrollar su presencia en la Red: en 2009 nació una asociación oficial de blogueros cubanos. El número de blogueros “progubernamentales” no dejaría de crecer. Serían cientos. La agencia informativa Reuters señaló en febrero de 2011 que se trataría de unos mil “blogueros oficiales”.

Por otra parte, existen grandes sospechas sobre los posibles nexos del gobierno de La Habana con los hackers que asedian los sitios y blogs cubanos albergados en el extranjero.

Puesto que ahora su estrategia es “ahogar” a los blogueros disidentes en la masa de blogueros progubernamentales, el gobierno ya no necesita atacarlos de manera tan clara y puede descansar un poco de este lastre.

Desde el 9 de febrero es posible acceder en la isla a unos cuarenta blogs y páginas de Internet de opositores, entre ellos Generación Y de Yoani Sánchez, para aquellos que pueden conectarse a la red internacional. Según la bloguera, citada en la prensa extranjera, este resquicio en la censura esté quizá relacionado con la XIV Convención y Feria Informática, que tuvo lugar en La Habana del 7 al 11 de febrero. La cuestión es saber si este desbloqueo se mantendrá.

El largo historial de las autoridades en lo que concierne a la censura explica las dudas de los disidentes sobre una apertura real. Según Yoani Sánchez, “algo nos dice que las fibras de ese cable (venezolano) ya tienen nombre, dueño e ideología. La conexión submarina parece estar destinada más a controlar a los ciudadanos que a enlazarlos con el mundo”. No obstante, “será más difícil convencernos de que no podemos tener YouTube, Facebook, Gmail”, subraya.

A mediano o largo plazo algunos apuestan sobre una evolución a la manera china: un desarrollo de la Web por razones económicas, con un mejor acceso para la población, en paralelo con la conservación de un control político. Una esperanza persiste: Cuba anunció que quiere pasar del sistema de explotación Windows a Linux. Esta iniciativa podría mejorar las competencias técnicas de los informáticos cubanos, quienes estarían más capacitados para evadir la censura.