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28 Marzo 2002 - Actualizado el 20 Enero 2016

Torturas, detenciones arbitrarias y autocensura


Más de cien periodistas han sido detenidos por las fuerzas de Seguridad y al menos treinta periodistas y colaboradores de los medios de comunicación permanecen detenidos todavía. Más grave aun, al menos tres periodistas fueron torturados por las fuerzas de Seguridad durante su detención.
El balance de las violaciones de la libertad de prensa es muy grave cuando han pasado cuatro meses desde que el rey Gyanendra proclamara el Estado de Excepción, por recomendación del gobierno de Sher Bahadur Deuba. Más de cien periodistas han sido detenidos por las fuerzas de Seguridad y al menos treinta periodistas y colaboradores de los medios de comunicación permanecen detenidos todavía. Más grave aun, al menos tres periodistas fueron torturados por las fuerzas de Seguridad durante su detención. Sin embargo, los periódicos y las radios privadas del país continúan informando libremente a la población. Los artículos sobre la corrupción en la administración se siguen publicando en uno de los principales diarios. La falta de acceso a la información y sobre todo la autocensura solo afectan a las operaciones militares contra los maoístas. Del 10 al 13 de marzo, una misión de investigación de Reporteros Sin Fronteras visitó Katmandú, donde pudo entrevistarse con periodistas, directores de publicaciones, defensores de los derechos humanos, abogados y familiares de los periodistas encarcelados. Vincent Brossel, responsable de la oficina Asia-Pacífico, el corresponsal de Reporteros Sin Fronteras en Nepal y dos miembro de la organización nepalí de defensa de la libertad de prensa, CEHURDES, fueron recibidos, el 12 de marzo, por el Primer Ministro Sher Bahadur Deuba. Treinta periodistas y colaboradores de los medios de comunicación se encuentran actualmente encarcelados por delitos relacionados con el terrorismo, en aplicación de la Ordenanza relativa a actividades terroristas y desestabilizadoras ( que el Parlamento no ha aprobado todavía). Ninguno de ellos ha sido condenado y las fuerzas de seguridad están obstaculizando los procedimientos de habeas corpus, emprendidos por algunos familiares. Considerando que las autoridades no han aportado suficientes testimonios que prueben la pertenencia de los periodistas encarcelados al Partido Maoísta, movimiento armado autor de crímenes de guerra, Reporteros Sin Fronteras pide su liberación. El Primer Ministro, respondiendo a una petición de Reporteros Sin Fronteras a favor de la liberación de los periodistas encarcelados, afirmó que "se habían efectuado investigaciones", y añadió: "Si se han cometido errores, los individuos quedarán en libertad y se les compensará". Las personas interrogadas por Reporteros Sin Fronteras, especialmente quienes se han manifestado en contra del Estado de Excepción, afirmaron estar viviendo ahora en un clima de miedo y, la mayor parte de ellas, eligieron dar su testimonio desde el anonimato. "¿Quién será el siguiente?", se preguntaba un periodista, tras la detención del director de Shangu, Gopal Budhathoki. "La letanía de los muertos, publicada diariamente en la prensa, y la presencia de patrullas militares en las calles de Katmandú, instalan al país en un clima de guerra que nunca habíamos conocido antes", explica otro periodista de Katmandú. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos, desbordadas por el exponencial número de exacciones que se cometen en el país, hacen temer la militarización de la lucha contra los rebeldes maoístas. "Los militares hacen lo que quieren. Violando completamente la ley arrestan, interrogan, torturan y detienen a sospechosos, especialmente a periodistas", denuncia Subodh Raj Pyakurel, responsable de la organización de derechos humanos INSEC. Las reacciones son muy limitadas, frente a tal degradación de la situación. El Partido Comunista Nepalí (Marxista-Leninista, principal partido de oposición parlamentaria), las organizaciones de defensa de los derechos humanos y las asociaciones de periodistas intentan romper el silencio sobre las exacciones cometidas en el marco de la lucha contra el "terrorismo maoísta". No sin correr riesgos y peligros. Más de cien periodistas detenidos en cuatro meses El 26 de noviembre de 2001, el mismo día de la proclamación del Estado de Excepción, las fuerzas de seguridad registraron las oficinas de las publicaciones consideradas maoístas. La policía se incautó de material informático y documentos. Fueron detenidos los periodistas, y los colaboradores que estaban presentes, a otros los detuvieron en sus domicilios y una decena más se pasaron a la clandestinidad. Pero esa oleada de represión no se limitó a las publicaciones consideradas maoístas. Decenas de periodistas, especialmente en los distritos afectados por la guerrilla maoísta, fueron detenidos, interrogados y conminados a entregar a la policía, y al ejército, sus contactos en el interior del Partido Maoísta. "Algunos periodistas locales se vieron obligados a facilitar, diariamente, uno o dos nombres de militantes maoístas. Algunos oficiales amenazaban con ejecutar a quienes no pagaran su cuota de maoístas", confiesa un miembro de la organización nepalí de periodistas CEHURDES. Encarcelados doce periodistas de publicaciones "maoístas" "Mi marido era solamente periodista. Salía por la mañana y se quedaba hasta muy tarde en el periódico. Jamás hizo política", clama la esposa de Om Sharma, director de Janadisha. Los doce periodistas y colaboradores de los medios de comunicación detenidos, acusados por el gobierno de ser maoístas, pertenecen sin embargo a publicaciones de las que no han podido probarse sus relaciones con el Partido maoísta. "Esos periódicos eran los portavoces de los dirigentes maoístas. Eran pura propaganda, y estoy seguro de que todos son maoístas", acusa un reportero del diario Kantipur. Sea como sea, hasta el momento la policía no dispone de ninguna prueba significativa sobre la pertenencia directa de esos doce individuos al Partido Maoísta, ilegal desde 1996. Según Bishwa Mainali, un abogado cercano a las familias de los periodistas encarcelados, la policía se contentó con entregar al juez del Tribunal Especial una carta, en la que se precisa que ese individuo es "culpable de actividades terroristas". Torturas y malos tratos "Los policías les obligaron a desnudarse, luego les golpearon y les regaron con agua caliente y fría, varias veces cada día", afirma Subodh Raj Pyakurel, secretario general de la organización de derechos humanos INSEC, refiriéndose a Shankar Khanal y Ganga Bista, dos periodistas del distrito de Sankhuwasabha. Igualmente, la esposa del periodista Bijaya Raj Acharya afirma: "Mi marido fue torturado durante los primeros dos o tres días de su detención, en el cuartel Balaju del ejército. Le ataron las manos y los pies y recibió descargas eléctricas". Leyes antiterroristas contrarias a la Constitución La proclamación del Estado de Excepción, en aplicación del artículo 115 de la Constitución del reino, ha supuesto una nueva era en la vida política y jurídica de Nepal. "Por primera vez desde la adopción de una Constitución democrática en 1990, el gobierno nepalí decidió restringir los derechos de los ciudadanos. Esta decisión, de graves consecuencias para el futuro democrático del país, fue la condición impuesta por el ejército para intervenir en el conflicto contra los maoístas. Si el Parlamento aprueba la ley antiterrorista, significará el fin de los derechos civiles y políticos garantizados por nuestra Constitución", explica Subodh Raj Pyakurel, responsable de INSEC. Autocensura y falta de acceso a la información En el transcurso de la entrevista concedida a Reporteros Sin Fronteras, el Primer Ministro declaró estar "satisfecho" de la colaboración de la prensa nepalí, en la lucha contra el terrorismo. Dos días después de la proclamación del Estado de Excepción, el jefe del gobierno se dirigió al país, en un mensaje televisado, pidiendo "a toda la población, y especialmente a la prensa, que nos apoyen a pesar de las dificultades, porque nuestra nación ha sido secuestrada". Sin embargo, algunas cabeceras de la prensa privada han dado muestras de valor y no aceptan, en nombre de su independencia, transmitir previamente sus artículos. Así, al día siguiente de que el ejército diera orden de no difundir, sin autorización previa, artículos o fotografías relativos ala institución militar, el Kantipur publicó una fotografía de soldados que bloqueaban el acceso al cuartel general del ejército. Una guerra sin imágenes Durante los seis años que ya dura el conflicto entre las fuerzas de seguridad y los rebeldes maoístas, han sido muy escasos los reportajes y las imágenes sobre las operaciones militares, tanto en la prensa nepalí como internacional. "El ejército no nos autoriza seguirle sobre el terreno. Quizá por temor a que seamos testigos de su debilidad, o de los daños colaterales entre la población civil", explica un reportero de un gran diario de Katmandú. Conclusiones y recomendaciones La ruptura del alto el fuego y de las negociaciones, por parte del Partido Maoísta, en noviembre de 2001, significó un giro histórico en la guerra civil que sacude a Nepal desde mediados de los años noventa. El conflicto, que ha causado la muerte de al menos tres mil personas, tiene graves consecuencias humanas, económicas, sociales y políticas para el reino himalayo. La proclamación del Estado de Excepción y la entrada en el conflicto del ejército nepalí, significaron el comienzo de una guerra total contra el "terrorismo". Sin embargo, de forma bastante singular, las publicaciones y las radios privadas no han renunciado a su derecho a criticar al gobierno. Pero, el temor a las detenciones ha llevado a la mayoría de los periodistas a no abordar algunos temas que se han convertido en tabúes, especialmente los que se refieren a las fuerzas armadas. En esta guerra sangrienta, el gobierno ha tenido el apoyo de las principales potencias extranjeras. En febrero de 2002, el embajador de Estados Unidos comparó a los maoístas con los miembros de la red islámica Al Qaeda, y el gobierno norteamericano prometió nuevas armas a las fuerzas armadas nepalíes. Igualmente, India, Rusia, gran Bretaña y, lo más sorprendente, China, apoyan la lucha anti maoísta en Nepal. En cambio, ningún país extranjero ha advertido abiertamente a Nepal contra los abusos de la fuerzas de seguridad, en relación con la población civil, y especialmente con los periodistas. En su entrevista con Reporteros Sin Fronteras, el Primer Ministro nepalí reconoció que en Nepal, lo mismo que en Afganistán, desgraciadamente la lucha antiterrorista puede provocar abusos y errores. "Si los militares norteamericanos cometen errores ¿por qué no van a poder cometerlos los soldados nepalíes?", preguntó. Recomendaciones a las autoridades nepalíes 1. RSF pide la libertad inmediata de los periodistas, y los colaboradores de prensa, de los que la policía no dispone de pruebas tangibles y documentadas sobre su pertenencia al Partido Maoísta; Recomendaciones a la Unión Europea y a Estados Unidos 1. RSF pide que las ayudas al gobierno nepalí estén condicionadas al respeto a la libertad de expresión. Recomendaciones a los periodistas nepalíes 1. RSF condena cualquier apología de la violencia, y de las organizaciones culpables de crímenes de guerra, en los medios de comunicación.