Informes

25 Junio 2003 - Actualizado el 28 Abril 2016

Los corresponsales extranjeros estrechamente vigilados


Investigación de: Martine Jacot


¿Cómo informar según las reglas de la ética y del rigor periodístico cuando se está destinado en Cuba? Según la investigación que Reporteros sin Fronteras ha efectuado con una docena de corresponsales de agencias y de órganos de prensa, que han vivido la experiencia, la empresa es a menudo una apuesta. Conseguir la información oficial más simple y más banal se convierte en muchos casos en un "recorrido de combatiente", hasta tal punto imperan el culto del secreto y la desconfianza en un régimen particularmente preocupado por controlar, lo más de cerca posible, la información destinada a sus ciudadanos y al extranjero. Y apoyarse, después de atar muchos cabos, en terceras fuentes, expone al periodista al peligro de una manipulación, o a poner en peligro a las personas que aceptan dar su testimonio, aunque sea anónimamente.


Invariablemente es doble el balance que hacen los periodistas entrevistados: siete de agencias francesas y británicas; cuatro de diarios franceses, británicos y españoles, y el corresponsal de la televisión española TVE (1). En el plano profesional, casi siempre juzgan que la experiencia es "estimulante": exaltación de la búsqueda de informaciones en condiciones particularmente difíciles, sensación de trabajar en "el país más interesante de América Latina, en el plano político", bajo un régimen que se ha convertido en "único en el mundo". Un régimen considerado "fascinante" de observar, por su longevidad y por la personalidad de Fidel Castro.


Sin embargo, en el plano personal, la estancia en Cuba la describen, por lo menos, como "agotadora": el régimen castrista, muy preocupado por su imagen en el extranjero, utiliza un arsenal de presiones psicológicas constantes y sabiamente graduadas, desde la observación amablemente crítica sobre tal o cual escrito o reportaje, hasta la denuncia en la prensa oficial cubana, pasando por la citación ante las autoridades. La expulsión del territorio cubano, medida extrema, se ha hecho más rara en estos últimos años, desde que la adopción de una política más restrictiva de visados la hace menos necesaria. Sobre todo la vigilancia policial constante, si bien relativamente discreta, ejercida sobre todos los corresponsales extranjeros, alcanza hasta su vida privada. Lo que invariablemente lleva a cualquiera, incluido el mejor armado psicológicamente, a las riberas angustiosas de la esquizofrenia y la paranoia.


Los corresponsales en La Habana -en particular los de las agencias de prensa-, para cumplir con su deber informativo dentro de las reglas de la deontología tienen que dedicarse a "jugar al ratón y el gato", en unos límites de contornos variables, según el nivel de tolerancia del régimen en tal o cual momento, la coyuntura internacional e incluso criterios no siempre discernibles. Sin embargo, existen grandes constantes en esos límites, como lo demuestran las experiencias de todos, en diferentes períodos.



Restricciones de visados

Oficialmente, ningún extranjero puede ejercer ninguna actividad periodística en la isla, puntualmente o durante más tiempo, si no dispone de un visado especial, que tiene que solicitar en la embajada cubana de su propio país. Cada vez más vigilantes a este respecto, las autoridades cubanas procedieron, a principios de febrero de 2003, a la detención secreta de un periodista argentino que entró en Cuba con un simple visado de turista. Se incautaron de su material, sus notas y sus agendas, lo mismo que ocurrió en el caso de una periodista francesa, en octubre de 2002.


Esta política, reforzada tras la adopción, en febrero de 1999, de la ley 88, que establece hasta ocho años de cárcel para cualquier cubano que colabore con medios de comunicación extranjeros, permite un "filtrado" real de los periodistas, e incluso de los medios. Así, y como "castigo", nunca se concede un nuevo visado a los enviados especiales que han escrito artículos considerados demasiado críticos sobre el país, o que contenían informaciones molestas.


Los corresponsales permanentes, excepto los de los países de la Europa del Este antes de la caída del Muro de Berlín, fueron relativamente poco numerosos en la isla tras la expulsión, en 1962, al principio de la revolución, de todos los periodistas norteamericanos, que volvieron a ser aceptados al cabo de algunos años con cuentagotas: uno de CNN, otro de la agencia Associated Press (AP) y luego, en 2001, otros dos del grupo de prensa Tribune Co. y del diario Dallas Morning News. Igualmente, se podían contar con los dedos de una mano los representantes occidentales: un corresponsal de la Agencia France presse (AFP), uno de la agencia británica Reuters, uno de la agencia española EFE y uno de la agencia alemana DPA, así como algunos corresponsales de diarios. Hasta finales de 1997 no se autorizó a la televisión pública española TVE a abrir una oficina permanente en La Habana, pocos meses antes de la visita del Papa a Cuba, en enero de 1998.


Tanto para las agencias de prensa como para los enviados especiales, transcurren al menos dos meses entre la demanda del visado y su obtención. Las embajadas concernidas se encargan de recoger el máximo de informaciones sobre el demandante, los puestos que ha ocupado anteriormente en su país o en el extranjero, los artículos que ha escrito e incluso sus compromisos políticos y sindicales. Uno de los records lo tiene sin duda Bertrand Rosenthal. En 1987, este periodista de la AFP, que anteriormente fue enviado especial permanente en la Europa del Este, esperó su visado durante seis meses en París. Sin duda, le "conocían" bien los servicios policiales cubanos: en 1977, en tanto que responsable en el movimiento de la juventud comunista, participó en la preparación de un festival mundial de la juventud de La Habana. Durante la huelga de 1986 en la AFP, fue un dirigente sindical de la CGT. Todo ello no parece que inspirara ninguna benevolencia. Sus cuatro predecesores en la oficina de La Habana fueron bien expulsados, bien declarados persona non grata.


Una vez que el corresponsal está debidamente acreditado tiene que renovar su visado cada año en La Habana, en el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) cubano. Una simple "formalidad", salvo para los periodistas considerados indeseables. Olivier Languepin, corresponsal de los diarios franceses La Tribune y Les Echos, y del semanario Evènement du Jeudi, así como Rosy Hayes, corresponsal de una radio canadiense, por mencionar solamente dos, en 1998 pagaron el precio de su cobertura "no amiga", al haber recibido grandes reproches.


Así, esta espada de Damocles se cierne cada año sobre cualquier corresponsal, en función del "balance" de su trabajo anual, que se evalúa en las alturas. "Es una forma de chantaje, estima Corinne Cumerlato, corresponsal del diario francés La Croix de 1996 a 1999. Cada periodista extranjero está perpetuamente en suspenso"


Lacónicas fuentes oficiales

A mediados de los años 90, el MINREX inauguró, en el corazón de La Habana, un Centro de Prensa Internacional (CPI), para gestionar las demandas de información o de entrevistas de los corresponsales extranjeros, que ritualmente se lamentaban del poco caso que se hacía a sus peticiones y de la imposibilidad de conseguir confirmación, o información oficial, de cualquier información. El vocero, al que rápidamente se apodó "voz cero", organiza allí una conferencia de prensa, en principio semanal, los jueves por la mañana. En Cuba, el control de la información es tal que son rarísimas las personas oficiales que se aventuran a comentar cualquier hecho o acontecimiento, sin el nihil obstat supremo. "Es un muro de silencio, resume un corresponsal anglófono, que se fue de Cuba tras una misión de cuatro años. Un muro impenetrable y sin grietas, en el marco de una disciplina impecable. Si, por casualidad, llega a nuestros oídos una fuga, hay que ser muy recelosos: hay muchas probabilidades de que se trate de una manipulación gubernamental".


El mutismo gubernamental puede variar, según los períodos. "Por lo que se refiere a las fuentes oficiales, la situación ha mejorado a causa de la imperiosa necesidad que tiene Cuba de abrirse al exterior, especialmente a Europa, para no verse asfixiada tras la dislocación de la URSS y del comunismo internacional, constata Antonio Raluy, que estuvo allí para la AFP, entre junio de 1992 y agosto de 1996. Roberto Robaina, entonces Ministro de Relaciones Exteriores, frecuentemente "estereotipado" pero bastante accesible para los corresponsales extranjeros, fue el principal artesano de esta nueva orientación". A Robaina, en el cargo desde marzo de 1993, le agradecieron escuetamente sus servicios en mayo de 1999, año de crispación del régimen.


Nuevo "interés" en los corresponsales

Hasta el "período especial en tiempo de paz", inaugurado al principio de los años 90, tras el final del cambio de azúcar por petróleo con la ex Unión Soviética que mantenía la economía cubana con generosas transfusiones, al margen de sus escritos los corresponsales extranjeros en la isla interesaban bastante poco a Fidel Castro. "Les consideraba unos estorbos", estima Antonio Raluy. Aunque leía y lee siempre con la mayor atención, por la noche y la mañana, los artículos relativos a Cuba (transmitidos por las embajadas cubanas de todo el mundo), y sobre todo los despachos de las agencias a las que está abonado, se mostraba poco dispuesto a conceder, a los periodistas que estaban en La Habana, entrevistas que no fueran informales, reservando las pocas que daba "para algunos medios muy específicos, principalmente periódicos comunistas aunque también -se ha dado el caso- a enviados especiales de CNN y CBS", añade.


Se produjo un auténtico cambio con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II en enero de 1998 y luego, tras un período de seria crispación, después de la Cumbre Iberoamericana organizada en La Habana, al año siguiente; es decir, en los momentos en que el régimen tuvo una gran necesidad, diplomática y materialmente, de cuidar sus relaciones con el exterior. De ahí, la manera diferente de contemplar a los corresponsales extranjeros, cuyas reacciones se consideraron dignas de interés por ser representativas de las opiniones públicas de sus países de origen.


Tanto que, desde 1998, la televisión cubana graba las conferencias de prensa importantes que tienen lugar en el CPI. Los especialistas del CPI, y también los otros órganos de decisión del poder, "(analizan) las preguntas, lac actitudes y los reportajes de los corresponsales", estima Vicenç Sanclemente, primer corresponsal permanente de la televisión pública española TVE en Cuba (de 1997 a 2000). La otra utilidad -más perniciosa- de esas imágenes, piensa, es poder comprometer "la responsabilidad de los corresponsales ante el pueblo cubano", emitiendo si se cree necesario extractos de las conferencias de prensa en la televisión nacional cubana, enteramente controlada.


Desde hace algunos años, los periodistas extranjeros interesan tanto a las autoridades cubanas que intentaron "reclutar" a un periodista de une agencia de prensa internacional, entre otros, para estar mejor informadas del ánimo de sus colegas occidentales, incluso de sus hechos y gestos.


Advertencias inmediatas y "explicación de los textos"

"Inmediatamente se comprende, o se te hace comprender, desde el primer momento en que te instalas, que tu trabajo va a ser seguido y analizado minuciosamente. Se te hace saber que cualquier información no conforme a la propaganda oficial lo único que conseguirá será cortarte las fuentes oficiales, lo que no deja de tener gracia cuando se sabe hasta qué punto son mudas las fuentes en cuestión", recuerda Noël Lorthiois, corresponsal de la AFP, llegado en octubre de 1985 y expulsado exactamente un año después. "En Cuba no hay censura previa de la información, precisa Bertrand Rosenthal, su sucesor. Jamás me impidieron hacer una investigación, ni entrevistarme con X o Y, ni escribir sobre lo que fuera, ni hacer lo que quería hacer. Si hay sanción, se produce tras la publicación del trabajo". Sus colegas lo confirman.


Antes de la primera "reprimenda", y para "prevenirla", los corresponsales extranjeros se ven "advertidos", de alguna manera, por colegas locales o periodistas extranjeros instalados desde mucho tiempo atrás en la isla. "Había dos periodistas cubanos que mantenían especialmente estas relaciones: Gabriel Molina, que trabajaba para la edición dominical de Granma, el diario oficial cubano, y Luis Baez, el gran reportero de la agencia cubana Prensa Latina, que siempre estaba invitado a seguir a Fidel Castro, allá donde se desplazara. Pasaban a la oficina, discutíamos", cuenta André Birukoff, al que la AFP envió a La Habana en julio de 1984, y fue expulsado en junio de 1985.


Su colega Noël Lorthiois abunda: "Esos periodistas actuaban un poco como carabinas de la prensa extranjera. Siempre presentes en todas partes y salidos de ningún sitio, generalmente muy amistosos, nunca rechazaban un mojito (cóctel cubano) o un cigarro, estaban encargados de informar al régimen sobre el estado de ánimo de los corresponsales extranjeros, de darles informaciones digamos "seguras"; es decir, las que el régimen quería ver publicadas sin tener forzosamente que endosarlas públicamente, de dejar deslizar algunos consejos "de amigo o de colega" sobre la forma de trabajar en Cuba. También, alguno de esos periodistas comentaba aquella misma noche cualquier despacho, en tal o cual cóctel de embajada- en La Habana los hay casi todas las noches y esas recepciones son el lugar de paso obligad, para estar al día de los rumores que agitan el microcosmos-, bien delante de mi, o de manera suficientemente pública como para que yo estuviera informado del "mensaje".


"Las primeras observaciones se referían a la forma de interpretar lo que yo escribía, añade André Birukoff. Había una especie de explicación del texto después y, para empezar, a mí aquello me parecía penoso. Se puede interpretar todo, cada palabra, cada frase". Bertrand Rosenthal explica: "Existe toda una serie de gente encargada de influir en el periodista, y eventualmente de darle miedo. La Habana es un mundo pequeño, con sus cerca de cuarenta y cinco embajadas. Los escasos corresponsales que hay tienen un estatuto casi diplomático, y sus escritos revisten una gran importancia: la única información que sale de la isla hacia el extranjero pasa por ellos". Hay que destacar que los coches de servicio de los corresponsales están identificados con una placa especial, que también facilita encontrarles.


No parece que, con el paso del tiempo, las cosas hayan cambiado verdaderamente. Así, durante su primera estancia en La Habana, Vicenç Sanclemente fue inmediatamente "instruido" por el ya célebre Luis Baez, quien le advirtió : "Puedes jugar todo lo que quieras con la cadena, pero no con el mono (Fidel Castro)." "Una affirmacion de la que se desprende claramente cual es el limite en la isla del ejercicio de la libertad de prensa", comenta el periodista. La misma "máxima" se la habían enunciado, entre otros, a Bertrand Rosenthal, diez años antes: no hay que atacar nunca en los escritos, de una manera u otra, a la personalidad del Líder Máximo, so pena de franquear la línea roja...


Otras fuentes que hay que proteger

¿Cómo trabajar entonces, cuando las informaciones oficiales son escasas, las confirmaciones de rumores escasísimas, y los límites de la "libertad" están claramente fijados? Denis Rousseau, enviado por la AFP entre 1996 y 1999, lo resume: "Hay otras fuentes oficiales que son los periódicos, que siempre hay que saber leer entre líneas, la radio, la televisión, las agencias cubanas, que son Prensa Latina y AIN (Agencia de Información Nacional), los discursos del Líder Máximo, los contactos establecidos al azar de los encuentros con cubanos, los contactos con la disidencia, con el clero y los militantes católicos, con las pocas ONG que trabajan de forma independiente en Cuba. Están, finalmente, los contactos personales, y en ocasiones un poco clandestinos, con funcionarios, profesores universitarios, dirigentes de empresas públicas cubanas, y también empresarios extranjeros". "A mi entender, la mejor fuente sigue siendo el boca-a-boca, llamado "Radio Bamba" o "La Bola", la gente de la calle" estima, por su parte, un periodista anglófono, que quiere conservar el anonimato.


Para Bertrand Rosenthal, "el periodismo en Cuba es ciertamente un arte minimalista, pero en esa sociedad de cháchara caribeña, todos hablan. Como en todas partes, las relaciones humanas llevan su tiempo. Una vez que se tiene confianza, que los cubanos ven que eres como todo el mundo, que eres alguien a quien le gusta comer bien, beber y vivir, se establecen relaciones que hacen que sea posible el debate, y también la información. Pero su utilización choca siempre con la necesidad absoluta de proteger a los informadores. Un ejemplo: en 1989, me enteré de que algunos jóvenes marginales se inoculaban voluntariamente el sida para ir a vivir en los sidatorios, donde se estaba mejor que en la calle. Solo tres personas lo sabían: Fidel, el médico jefe del sidatorio y mi fuente. Imposible sacar esa información que, sin embargo, era extraordinaria; no podía explicar su origen y, por tanto, me arriesgaba a que me expulsaran. Solo un año más tarde obtuve una confirmación del viceministro de la Salud, y publiqué esa información que había guardado durante todo aquel tiempo".


Por tanto, todas las fuentes posibles pero con un axioma de base, resume el mismo Bertrand Rosenthal, lo mismo que la gran mayoría de sus colegas: "Cualquier persona con la que me entrevistara en Cuba iba a ser interrogada por la policía, para saber qué quería y de qué le había hablado. Aunque eso no ocurriera sistemáticamente, había que partir de ese postulado".


Vigilancia "a la japonesa"

Tanto en la vida profesional como en la privada, la vigilancia es constante. Para ilustrarlo concretamente, Noël Lorthiois cuenta el siguiente episodio: "Mi mujer y yo habíamos simpatizado con una pareja de jóvenes cubanos. El escribía canciones y poesías, tenían un niño. Una noche fuimos a verles a su casa, sin escondernos, para beber una copa entre amigos, y sin ninguna especie de trasfondo profesional. Una semana más tarde, cuando ya era de noche, yo regresaba a mi casa cuando la joven salió de detrás de uno de los framboyanes que bordeaban la calle, a lo largo de nuestra casa. Solo pude apercibir su rostro, verde de terror, cuando se inclinó sobre la ventanilla del coche, un minuto, para gritarme, vociferarme debería decir: "Te lo suplico, no vengáis más, no vengáis nunca más, porque si no, perderemos todo"...Nunca he podido olvidar su rostro deformado por el miedo".


"Normalmente, la vigilancia se ejerce de manera discreta, estima Denis Rousseau. No se pone de manifiesto más que por alguna torpeza, o se hace voluntariamente visible cuando el poder quiere intimidar a su "blanco". Es lo que los agentes cubanos llaman "vigilancia a la japonesa".


A Vicenç Sanclemente sin duda le "aplicaron" ese régimen. "Un día, dice, me saludó un especialista que dijo ser el analista de mis piezas de television en el Consejo de Estado, es decir, en el Gobierno". El periodista también conoció a la persona encargada de vigilar sus conversaciones telefónicas, un tal "Doncel" quien, durante una recepción al final de la Cumbre Iberoamericana de 1999, le preguntó sin ambages: "Oye, Vicenç, como es que en esta cumbre has usado tan poco el celular ?" En Cuba, cualquier periodista acreditado sabe que se escuchan sus conversaciones telefónicas, tanto si las efectúa desde un aparato fijo como desde un móvil.


En la misma época, el corresponsal de TVE estaba preocupado porque no recibía correos electrónicos en el ordenador de su oficina, cuando esperaba un mensaje importante de uno de sus colegas de la República Dominicana. Creyendo que se trataba de un problema técnico, se dirigió al técnico del Ministerio de Comunicaciones que le había abierto su cuenta en Internet. El encargado le respondió: "Hace dias que no abres el computer de tu casa. Alli tienes los tres correos de Republica Dominicana, y tambien el de Montse y el de Margaret desde Barcelona". Ningún mensaje electrónico escapa a la vigilancia de la policía cubana desde que Internet penetró en la isla, con numerosas restricciones.


Olivier Languepin, a la vista de las dificultades para conseguir un apartamento "legal" optó por alojarse "en negro", en una época (1998) en que los habaneros no se arriesgaban todavía a una multa de 1.500 dólares por albergar ilegalmente a extranjeros. Tres días después de su discreto acomodo en un apartamento "no oficial", recibió una llamada telefónica del CPI informándole, como si fuera lo más normal, de la organización de una conferencia de prensa, en la jornada. Una manera de darle a entender claramente que las autoridades cubanas no ignoraban nada sobre su traslado.


"Estaban también aquellos tipos que encontraba muy a menudo en mi camino, prosigue Olivier Languepin, como el robo con violencia en mi domicilio mientras dormía, y en el que desaparecieron mi ordenador portátil, con sus disquettes, y alguna ropa: uno terminaba volviéndose paranoico. Y estaban finalmente esas super chicas cubanas, que caían del cielo en las recepciones y en las veladas culturales". Otros corresponsales extranjeros y enviados especiales mencionan también esos "encuentros", que no debían nada a la casualidad. Aunque los periodistas solteros eran los primeros en "beneficiarse" de ellos, también les ocurría a los casados, cuando sus mujeres se iban de vacaciones. En las recepciones de las embajadas, unas chicas "soberbias" les preguntan si podían acompañarles a sus casas.


Según Bertrand Rosenthal, "allí existe una importante estructura de seguridad, para vigilar a los corresponsales", en particular a los de las agencias de prensa, por la propia rapidez de la difusión de sus informaciones a través del mundo. Según las confidencias recogidas por este periodista, tras su salida de la isla, entre cubanos que mientras tanto han abandonado su país, esa vigilancia implica a una treinta de personas para un corresponsal de agencia, y a veces incluso más en período "caliente". ¿Cómo soportarlo? "Hay que hacer como si no existiera, vivir normalmente, estima. Ese tipo de vigilancia es típico del estalinismo. Cuando se necesita desembarazarse de alguien, no se ataca a sus ideas o sus escritos, sino a su persona: si es alcohólico se puede organizar, montar y grabar una borrachera, para utilizarla en su contra. En los años 70, un periodista fue expulsado de Cuba por haber participado en algunos ballets azules y rosas: las autoridades sabían, desde hacía tiempo, que de vez en cuando se dedicaba a eso. Lo utilizaron como pretexto el día que escribió algo que realmente les disgustó. El proceso está perfectamente descrito en la película "Dossier 51". En mi caso, nunca utilizaron el eventual dossier que pudieran tener. Saquearon cuatro veces mi domicilio, sin que pudiera ver en ello móviles políticos: no tocaron ni mi ordenador, ni los disquettes en los que había salvado una parte del libro que publiqué tras mi salida de La Habana, en 1993, junto con Jean-François Fogel".


"Insulto a la Nación cubana"

En el plano profesional, después de las observaciones de los "colegas cubanos" llegan las "llamadas al orden", en general a cargo del portavoz del CPI. Así, a finales de 1996, pocos meses después de su llegada a Cuba, a Denis Rousseau le reprocharon vivamente un despacho sobre la escasez de huevos en La Habana, titulado "Los pollos cubanos no respetan el plan quinquenal de producción"(ver el despacho en "Anexos"). Daba a entender que estaban "estresados" por el "período especial". "¡No me bromee con esas cosas!", le asestaron. Igualmente, André Birukoff se llevó una "reprimenda" por escribir un artículo sobre el mercado negro, y luego sobre Cayo Largo, la estación balnearia que las autoridades construían para los turistas extranjeros, y que solo podían frecuentar los cubanos empleados en sus instalaciones. No gustó que revelara esa incongruencia, aunque en aquella ocasión no le hicieron ninguna amenaza ni advertencia.


Fue otro artículo el que motivó su expulsión en junio de 1985, once meses después de su llegada. El scoop, que necesitó de una larga y difícil investigación, se refería a la existencia en Cuba de un organismo (Interconsul) que facilitaba, mediante pago, los matrimonios entre extranjeros y cubanos o cubanas, que querían marcharse de la isla, a los que conseguía un pasaporte. "El artículo salió en vísperas de una conferencia internacional de mujeres en Nairobi, a la que debía asistir la esposa de Raúl Castro, Vilma Espín, líder del sindicato de mujeres cubanas". Pocas horas después de su publicación, el portavoz del MINREX leyó a André Birukoff, al que había citado en su despacho, una corta declaración: "Su último artículo es un insulto a la Nación, y a la mujer cubana. Está expulsado. Tiene tres horas para salir del país". Le acompañaron manu militari al aeropuerto.


Citado "cada tres meses, de media, por el MINREX", para "explicar los textos de sus escritos", durante su estancia de cuatro años a finales de los 90, un periodista anglófono confía: "Al principio, yo argumentaba punto por punto, reaccionaba con reflejos a todas las críticas, que me parecían incongruentes. Me reprochaban, por ejemplo, utilizar la expresión "país comunista" con una connotación negativa. Después, decidí escuchar muy atentamente sus argumentos, para entender mejor lo que les hacía reaccionar y por qué se ofuscaban con una formulación y no con otra. Era un ejercicio muy interesante para descifrar su visión de las cosas, y del mundo". Con menos flema, uno de sus colegas anglosajones también tuvo "que defender cada palabra" de su prosa económica en los años 90, en el momento en que Cuba intentaba atraer, y luego conservar, inversiones extranjeras en el marco de empresas conjuntas, en las que el Estado cubano detentaba el 51% de las partes.


La disidencia no tiene buena prensa

Tanto para unos como para otros, el tono se volvió realmente conminatorio después de la difusión de artículos o reportajes sobre uno de los dos temas tabúes: las actividades de la disidencia y, sobre todo, cualquier cosa que afecte de cerca o de lejos a Fidel Castro.


En octubre de 1986 fueron expulsados sin preaviso dos corresponsales, uno de Reuters y el otro de la AFP, Noël Lorthiois. Por primera vez, un disidente cubano habló con ellos, sin esconder su identidad. Elizardo Sánchez Santa Cruz confirmaba, en nombre de su organización (la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, CCDHRN), la existencia de campos de trabajo, y daba una evaluación del número de presos políticos en la isla, otra exclusiva (ver el despacho en "Anexos"). "Mi artículo estaba contrastado con otras fuentes, porque yo había hecho un largo y laborioso trabajo de aproximación a los medios disidentes durante varios meses, indica Noël Lorthiois. Tuve contactos con dos de ellos, y fue Elizardo Sánchez quien vino a verme una mañana, manifestándose decidido a asumir el riesgo de dar su nombre. Me pidió que llamara a mis colegas de otras dos agencias : lo que intenté hacer, pero mi colega de EFE, la agencia española, se encontraba de vacaciones fuera de la isla". Después de la publicación del despacho, Noël Lorthiois recibió una citación del MINREX, donde le informaron de su expulsión por haber dado la palabra a unos "bandidos asociales", y haberse convertido en "cómplice de los enemigos de la Revolución". A pesar de sus protestas, las autoridades cubanas retuvieron a su mujer en la isla durante una semana, "para algunas formalidades". "Yo pienso que el régimen quería obligarme al silencio, mientras mi esposa se encontrara aún en Cuba", comenta.


A su sucesor, le citaron tres veces en cinco años, siempre sobre el tema de la disidencia que mientras tanto se había estimulado. "Mi primera cita, cuenta, se produjo en los seis primeros meses. Pienso que eso forma parte del método: demostrar que las autoridades están allí, y que leen lo que haces. El objeto era un despacho sobre la detención de cuatro disidentes, que pretendían depositar un ramo al pie de una de las estatuas de José Martí, el héroe de la independencia cubana, hacia las 20 horas, cuando ya era de noche. Me habían avisado, y yo estaba allí. Los policías se los llevaron en el momento en que iban a dejar el ramo. A los funcionarios del MINREX que me citaron, les respondí que había contado algo de lo que había sido testigo. No cuestionaron los hechos, pero me reprocharon que daba demasiada importancia a la disidencia. Respondí que eso era falso, los despachos de la AFP demostraban que nos ocupábamos de muchos otros asuntos. Añadí: "Hablo de la disidencia cuando creo que merece hablarse de ella, y soy el único juez". Citado después por el mismo tema, a propósito del disidente Ricardo Bofill (fundador, en 1976, en la cárcel, del Comité Cubano de Derechos Humanos), aunque sin ser expulsado, Bertrand Rosenthal añade: "Estábamos sumergidos en comunicados de no sé cuanta gente, de todas las pequeñas organizaciones, más o menos representativas. La cuestión era saber qué parte concederles. Cuando se les concedía una parte importante, las autoridades cubanas reaccionaban".


Poner "demasiado énfasis en los disidentes" sigue siendo un reproche frecuentemente dirigido a los periodistas extranjeros, cualquiera que sea su nacionalidad. Siempre se les amonesta, incluso se les amenaza. Vicenç Sanclemente confiesa que le pidieron que no cubriera las eventuales manifestaciones de disidentes, antes de la Cumbre Iberoamericana de noviembre de 1999. Sin embargo, raramente se les expulsa. Por una parte, no renovarles el visado es más eficaz y menos notorio; por otra, tras esa Cumbre Iberoamericana, a las figuras más constantes de la disidencia cada vez las reciben más personalidades extranjeras, ministros y primeros ministros, de visita en Cuba. Lo que, decentemente, la prensa internacional no puede callar.


El gran tabú: la salud de Fidel Castro

"Fidel es el gran problema de la cobertura cubana para un periodista ¿Qué se puede decir de él, y como decirlo?", subraya Bertrand Rosenthal. Se atrevió, sin que le dijeran nada, con un artículo titulado "Castronomía". En él describía las dificultades alimenticias de los cubanos en su vida cotidiana, a partir de las recetas culinarias que proponía el jefe del Estado cubano en tiempos de penuria. Aunque los periodistas de agencia evitan en general cualquier calificativo o sustantivo fuera de cita, que pueda parecer un juicio de valor, en general los que trabajan para diarios tienen más libertad. Por haber escrito "el caudillo que envejece" en uno de sus artículos económicos, a Olivier Languepin le regañaron severamente: "¿Cómo puede usted hablar así de nuestro Comandante?". "Yo hago mi trabajo de forma honesta, respondió, y estoy dispuesto a rectificar si es inexacto lo que he escrito". Sin duda, su visado habría expirado mucho antes si hubiera utilizado el término "dictador".


La salud del Líder Máximo, que en agosto de 2003 cumplirá 77 años, está entre los temas peligrosos de abordar, susceptibles de provocar una citación del jefe del Estado en persona, en su oficina. Aunque a veces el presidente cubano desaparece completamente de la escena pública, en períodos más o menos largos, resulta de mal gusto preguntarse por esas ausencias. Los corresponsales de agencias presentes en Cuba lo entendieron, a su costa, en julio de 1998. El diario Nuevo Herald de Miami publicó el domingo 21 de julio, un artículo en el que un médico afirmaba que Fidel Castro sufrió, en octubre de 1997, una intervención quirúrgica, por una grave enfermedad cerebral (encefalopatía hipertensiva). Los corresponsales en La Habana de Reuters y de la AFP, cada uno por su lado, miraron en sus archivos y constataron que, en el período mencionado por el diario de Miami, Fidel Castro mantuvo una entrevista oficial en La Habana, con un enviado del Vaticano. La presidencia cubana desmintió formalmente la operación, los corresponsales dieron cuenta del desmentido y añadieron el resultado de la búsqueda en sus archivos.


Sin embargo, el martes 22 de julio, Fidel Castro, al inaugurar la sesión ordinaria de la Asamblea Popular Cubana, criticó con virulencia a la prensa extranjera, acusándola de "desacreditar el socialismo, desmoralizar a la revolución y combatirla con mentiras e intrigas de toda clase". Tras lo cual, invitó a los periodistas y a los invitados acreditados a abandonar el recinto del Parlamento, para que los diputados pudieran "discutir con total libertad y para que ninguna de las palabras pronunciadas, críticas o autocríticas, sirvieran de combustible a las infamantes campañas puestas en marcha contra el país". Denis Rousseau, de la AFP, relató esos acontecimientos, citó esas manifestaciones y añadió en su despacho: "Sin embargo, Fidel Castro no hizo ninguna mención de las informaciones publicadas el domingo en un diario norteamericano (...), desmentidas el lunes por el gobierno cubano, calificándolas de "infamia".


Citado, como sus colegas de Reuters y EFE, por Fidel Castro en persona en su oficina presidencial, alrededor de la media noche, Denis Rousseau tuvo que justificar su despacho, analizado palabra por palabra, hasta las 5 de la mañana. La acusación más grave se refería a la utilización de la expresión "sin embargo", un adverbio que, para Fidel Castro, "relanzaba de manera insidiosa y deliberada los rumores más falsos sobre su estado de salud" (el Nuevo Herald desmintió ulteriormente esa intervención quirúrgica y las palabras del médico que, finalmente, no era nadie). El periodista cuenta que, en un momento dado, el líder cubano "explotó literalmente": "Pero ¿qué se cree usted? Sabemos leer, no somos imbéciles, ¡usted nos toma por imbéciles!". La respuesta de Denis Rousseau ("Jamás he pensado tal cosa de usted") calmó inmediatamente el intercambio ante testigos, pero el corresponsal tuvo la impresión "de haberme vuelto indeseable, a partir de aquel momento".


El clima general se endureció considerablemente en Cuba a finales de 1998 y sobre todo al año siguiente, antes de la Cumbre Iberoamericana de noviembre, contra los disidentes, las prostitutas y los periodistas, entre otros. La "ley 88", rápidamente bautizada como "ley mordaza", promulgada en febrero de 1999, va dirigida contra cualquier persona que "colabore, cualquiera que sea el medio utilizado, con programas de radio o televisión, revistas y otros medios de comunicación extranjeros" o "proporcione informaciones" consideradas susceptibles de servir a la política norteamericana. Las penas a que se arriesgan son muy graves: hasta veinte años de cárcel, la confiscación de todos los bienes personales y multas que alcanzan los 100.000 pesos (cerca de 4.800 euros).


Los ataques contra la prensa extranjera se hicieron cada vez más violentos. El 4 de marzo de 1999, el diario oficial Granma escribía que "algunos periodistas acreditados en nuestro país y determinadas agencias de prensa tienen la misión de remitir al exterior cuantas intrigas, calumnias e impudicias de Cuba, lanzan los agentes asalariados" del imperialismo norteamericano. En el semanario Trabajadores (órgano de los sindicatos oficiales), el periodista y diputado Lázaro Barredo Medina atacaba entre otros a Denis Rousseau y Pascal Fletcher, corresponsal en Cuba del diario económico Financial Times, después de haberlo sido de Reuters. Les reprochaba a ambos su "infamante manera de utilizar la profesión". Luego les acusaba de "(cumplir) algún servicio de la agencia de información de Estados Unidos", y finalmente de "(constituir) deliberadamente el soporte fundamental de la propaganda hacia el exterior sobre la llamada disidencia" (ver el artículo en "Anexos").


Esta escalada en los ataques estuvo acompañada de una vigilancia más visible, y de un cierto ostracismo. "Primero descubrimos a algunos policías ostensiblemente apostados delante de nuestras casas, cuenta Corinne Cumerlato, corresponsal del diario francés La Croix y esposa de Denis Rousseau. Siempre había uno, porque vivíamos cerca de la embajada de Libia; pero, de pronto, hay tres que pasan y vuelven a pasar. Tras los ataques nominales en la prensa cubana, ya no nos miraban las personas que frecuentábamos habitualmente, los colegas, los diplomáticos nos dijeron: "Ah, bueno, ¿todavía estáis aquí?". Los del aparato cubano bromeaban enormemente". La paranoia fue aumentando hasta que un día se aflojaron los frenos del coche de Denis Rousseau, después de que le hubiera ocurrido lo mismo al freno de mano...Finalmente, la pareja se marchó en julio de 1999, cuando Denis Rousseau optó, con éxito, por otro puesto en Francia. Pocos días antes de su partida, el responsable del CPI hizo saber a un diplomático francés que el periodista se había convertido en "indeseable".


Aunque los periodistas anglosajones mencionados más arriba han podido regresar a Cuba como turistas, a Bertrand Rosenthal le rechazaron, en el aeropuerto de La Habana, a pesar de que estaba en posesión del mismo visado de turista, junto con Jean-François Fogel, seis meses después de la publicación de su libro, en junio de 1993, titulado "Fin de siglo en La Habana, los secretos del poder cubano". Ya habían vuelto una vez a la isla, antes de la publicación. "Más tarde supe que Fidel ordenó personalmente que se nos prohibiera entrar, tras la salida del libro. Se dice que me consideran un traidor", cuenta Bertrand Rosenthal.


Regreso al pasado

El control de la información por el régimen castrista no es reciente. Se puso en marcha desde el comienzo de la revolución cubana. Jean Huteau, el primer corresponsal permanente de la AFP, que abrió la oficina en julio de 1960, atestigua, con la misma indignación que entonces, la manipulación de sus "telegramas" (todavía no se hablaba de "despachos"), un hecho raro en los anales de la libertad de información. La URSS, bajo Stalin, había llegado hasta "completar" los textos que los corresponsales extranjeros enviaban desde Moscú. ¿Fidel Castro se inspiró en esto?


En Cuba, al comienzo de los años 60, los telex se enviaban a través de Western Union, una compañía norteamericana de comunicación, rápidamente nacionalizada por los "barbudos". Esa sociedad se encargaba pues de dirigir el telex desde La Habana a Nueva York, a falta de líneas directas con París. La copia del corresponsal se mandaba después a Francia. Jean Huteau cuenta: "Cuatro o cinco meses después del fracaso de Bahía de Cochinos, el desembarco anticastrista de abril de 1961, el régimen decidió organizar la manifestación de las manifestaciones, para reunir a dos millones de personas en la Plaza de la Revolución donde sólo caben, como máximo, 400.000 personas. Y yo evalué la participación en alrededor de 200.000 personas. Por la noche, una radio mexicana, que todavía se podía escuchar en La Habana, indicó: "Según la AFP, los manifestantes eran un millón"... Llamé a la oficina de la AFP de Nueva York, pidiéndoles que me leyeran mi telegrama. Debajo de mi firma había un millón de personas. Peor aún, me di cuenta de que cada vez que escribía, los cubanos de Western Union corregían, sin que yo lo supiera, antes de enviar el telex a Nueva York. Cuando yo escribía "los invasores anticastristas de Bahía de Cochinos", ellos lo cambiaban por "los mercenarios de Bahía de Cochinos".


El primer corresponsal de la AFP intentó elucidar el asunto, aunque difícilmente, "por medio de alguien que conocía a alguien que conocía a uno que conocía a una de las telegrafistas de Western Union". "Esa chica acabó confesándome que allí había censores, prosigue. Y que mis telegramas los leía la única persona que entendía francés, una profesora que no estaba contratada a tiempo completo, y que venía cuando podía. Lo que de repente me explicó los retrasos entre el momento en que enviaba una crónica y el momento en que se recibía en París y se difundía. Porque cuando ella no estaba allí, se bloqueaban mis telegramas. A veces hubo retrasos de seis y diez horas. París me decía que me ganaba la competencia, y yo creía que se trataba de problemas técnicos. Lo entendí todo gracias a esa chica, que se arriesgaba a perder su trabajo si yo lo contaba. ¿Qué debía hacer? En todo caso, protesté en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la sección de prensa. Me dijeron:


-¿Qué es eso? Ya sabes que no hay censura...
Sí hay, yo lo se.


¿Y como lo sabrías?
Alguien me lo ha dicho.


Tráenoslo. Y si es cierto, intervendremos"


Sobre todo, Jean Huteau no quería comprometer a su fuente. "Entonces decidí transmitir todos los telegramas en español. Entonces ya no tendrían que ir a buscar al censor, no habría retrasos, y yo podría comparar mejor. Al cabo de un mes, envié a París, por valija diplomática, copia de un mes de mis telegramas, tal y como los había enviado. Compararon palabra por palabra toda mi producción con la que habían recibido vía Western Union. Hicieron un cuaderno, del que enviaron una copia. La censura había continuado. Por ejemplo, Blas Roca, el secretario del viejo PC cubano, padre del disidente Vladimiro Roca, hizo un discurso diciendo en sustancia. "Va a ser necesario hacer un esfuerzo, porque lo fastidioso es que esta revolución va tan rápida que la conciencia popular no sigue el ritmo de la Revolución". Se había convertido en: "la conciencia popular va aun más deprisa que el ritmo de la revolución". Eso ni siquiera significaba nada. Las 2.000 toneladas de la producción de café se convirtieron en 25.000 toneladas. A los "mercenarios de Bahía de Cochinos" se les añadía, "a sueldo de la CIA". Y todo en esa proporción. Yo estaba furioso. Y estupefacto de que mis colegas parisinos hubieran podido pensar, por un segundo, que yo había escrito aquello".


Jean Huteau decidió entonces protestar al más alto nivel; en aquella época Fidel Castro era su propio portavoz. "La primera conferencia de prensa de Castro que se organizó, más de un año después de mi llegada, tenía como objetivo anunciar un acuerdo con los norteamericanos, sobre el intercambio de sus prisioneros, después de lo de Bahía de Cochinos, por tractores norteamericanos. Llegó una veintena de enviados especiales norteamericanos. Castro, en gran forma, respondió a todo. Junto con mi colega de Reuters, que también tenía telegramas corregidos, aprovechamos para lanzar: "Comandante, ¿para cuando podemos esperar el fin de la censura de prensa?". Nos miró intensamente. "No existe censura". Yo insistí: "Sí, lo he verificado y tengo un documento". "Házmelo llegar, eso me interesa, y si existe censura la suprimiré". La respuesta me llegó a través del Ministerio de Relaciones Exteriores. En sustancia: "Es cierto, hubo correcciones, pedimos excusas. Pero los operadores telegrafistas son revolucionarios que se indignan con lo que escribe la prensa capitalista, y corrigen. Hay que entenderles...".


Para enviar sus "scoops", entre ellos la llegada a treinta kilómetros de Cuba de unos supuestos "técnicos agrícolas"- de hecho, militares soviéticos llegados para instalar misiles-, a partir de entonces Jean Huteau utilizó "palomas"; a saber viajeros, frecuentemente diplomáticos, que llevaban o enviaban su prosa a la oficina de Nueva York. Después, el MINREX estableció nuevos carnets de prensa, únicamente válidos en La Habana. Desde entonces, para salir se necesitó una autorización especial.


Consignas previas y gestión de crisis

En general, las agencias, lo mismo que los demás órganos de prensa, dan pocas consignas a sus corresponsales antes de salir hacia La Habana. Les recomiendan, como para cualquier otro destino, que trabajen lo mejor que puedan, en el respeto a las reglas deontológicas y el rigor de la información específica a las agencias, y a veces insisten en el deber de la prudencia. A lo sumo a las agencias, siempre más expuestas que los restantes órganos de prensa en Cuba, les piden que eviten las "provocaciones", capaces de motivar una rápida expulsión.


De hecho, la gran mayoría de los periodistas concernidos dice haber llegado a Cuba determinado a trabajar allí como en todas partes, sin autocensura y con "transparencia", a pesar de la vigilancia policial de la que todos se saben blanco. Pero frecuentemente llega un momento en que, como reconoce Vicenç Sanclemente, se hace difícil "no perder el Norte", entre observaciones críticas, visitas incongruentes, advertencias claras y conferencias de prensa con los corresponsales extranjeros, transmitidas por la televisión cubana.


El clima se hace insoportable cuando se intensifican los ataques del régimen cubano, hasta hacer nominales. Denis Rousseau estima que esas presiones sitúan entonces al corresponsal extranjero "frente a una alternativa, en la que ninguna opción es verdaderamente satisfactoria. Tanto bajar el tono, y no comportarse más como un profesional de la información, lo que puede ser considerado por su dirección como una falta profesional; como el intento de continuar trabajando normalmente, y entonces las autoridades denunciarán todo lo que escriba como insultante, deformado y agresivo".


Denis Rousseau es de los que en esos casos deploran la falta de una verdadera estrategia de "gestión de crisis", adoptada de buen grado en los medios de comunicación anglosajones cuando la situación se hace demasiado tensa: estudio de los precedentes, apoyo psicológico, firme apoyo de la jerarquía desplazada al lugar, etc.


¿Autocensura?

De su experiencia, Bertrand Rosenthal extrae la siguiente metáfora, en cuanto al campo de la información de los corresponsales extranjeros en Cuba: "Es como un campo de fútbol en el que cambiaran los límites. Durante determinados períodos se encogen, mientras que en otros se amplían. Hay que permanecer a la escucha, para comprender cuales son los temas delicados del momento. Yo escribí ciertas cosas sobre temas delicados, cuando yo mismo fui testigo de los hechos relatados, o cuando me sentía "de hormigón". Así, durante la primera guerra del Golfo, di por casualidad con un petrolero iraquí, fondeado a 200 metros de la costa cubana, cerca de La Habana. Saqué fotos. Escribí que un petrolero iraquí hacía un descanso en Cuba, cuando estaba prohibido. Los oficiales cubanos mantuvieron, duros como el hierro, que aquello no era cierto. Y entonces saqué mis fotos...Si eres capaz de probar lo que has escrito, ellos son buenos jugadores y no van más lejos. Aunque te hacen notar que esa no es una "actitud simpática".


Denis Rousseau y Corinne Cumerlato no están de acuerdo con esta aproximación: "Comprometer a los periodistas hasta el final y, sobre todo, dejar que piensen que tienen que "adivinar" cuales son los límites del día, es "condicionarles" a ir por delante de los deseos del poder, y contribuir a desinhibirle", dicen. "Nosotros elegimos deliberadamente no movernos, cuando el régimen se endureció. Se puede objetar que esa actitud no era buena, porque tuvo la culpa de nuestros problemas. Pero, sin embargo, persistimos: si esa postura estuviera más generalizada en la comunidad de los corresponsales extranjeros, sin duda sería más eficaz mantenerla", añaden.


"Por ejemplo, ¿retener una información en un momento delicado no equivale a autocensurarse?, se preguntan algunos. El corresponsal de un órgano de prensa europeo, que reside en otro país latinoamericano pero efectúa frecuentes reportajes en Cuba, estima que "en Cuba, todos los periodistas se autocensuran", lo admitan o no, tanto si residen en La Habana como si son enviados especiales, sometidos al chantaje del visado. "A través de ese chantaje con el visado, y de las presiones ejercidas sobre los periodistas extranjeros, el régimen cubano consigue hacer que se oculte parcialmente la extensión de la represión en la isla", añade.


Expulsados, privados temporal o definitivamente del visado, readmitidos o habiendo terminado "normalmente" su mandato en la isla, todos los periodistas preguntados insisten en un punto: lo que han vivido en Cuba, arriesgando todo lo más que les expulsaran, no es nada en comparación con los que viven diariamente los cubanos desde hace más de cuarenta años, amordazados de facto, sometidos al miedo cotidiano, y corriendo el peligro de perder su trabajo e incluso ir a parar a la cárcel.


(1)Aunque los ex corresponsales de la AFP en la Habana han querido testimoniar con su nombre, lo mismo que algunos corresponsales de periódicos franceses que estuvieron en la isla y el corresponsal de TVE, la mayor parte de los periodistas anglosajones e hispano solo han aceptado hacerlo amparándose en el anonimado más estricto. Una periodista europea prefirió no manifestarse del todo, a causa de su perdurable relación afectiva con una persona del aparato cubano. Por otra parte, no hemos preguntado a los corresponsales que actualmente trabajan en Cuba, para no complicar su situación.



Anexos
AFP - General - 24 de septiembre de 1986
(Traducción Reporteros sin Fronteras©)
Detenidos dos miembros del "Comité Cubano de Derechos Humanos".
Por Noël Lorthiois - La Habana 24 de sept (600 palabras)


Dos miembros del "Comité Cubano de Derechos Humanos" permanecieron detenidos "durante unos días", antes de que Ricardo Bofill Pages se refugiara en la embajada de Francia el pasado 27 de agosto, afirmó Elizardo Sánchez Santa Cruz, vicepresidente del Comité.


Las autoridades cubanas, preguntadas, confirmaron las detenciones pero indicaron que esas personas "no representan los derechos humanos" y que su detención, cuyo motivo no han precisado, no guardaba ninguna relación con los derechos humanos. ""Se trata de unos terroristas locales que actúan contra el Estado cubano", indicó un portavoz.


En una entrevista con los corresponsales de las agencias Reuter y AFP, Elizardo Sánchez, de 46 años, precisó que las dos personas, Domingo Jorge Delgado Castro, "consejero jurídico" del "Comité", y José Luis Alvaro, estuvieron internadas en la cárcel de Combinado del Este (La Habana).


Sánchez declaró ser miembro fundador del "Comité de Derechos Humanos", y haber pasado seis años en las cárceles cubanas. Salió en libertad el 29 de diciembre de 1985.


Por otra parte, Sánchez afirmó que los locales del "Comité" sufrieron un registro el 28 de agosto, es decir al día siguiente de que Ricardo Bofill, presidente del "Comité" y del que se sigue sin noticias, se refugiara en los locales de la embajada de Francia.


En el registro, la policía se incautó de 950 ejemplares de la Declaración Universal de Derechos Humanos, tinta, un mimeógrafo, un stock de papel y dos maletas de archivos del "Comité", precisó Sánchez. Preguntadas, las autoridades cubanas no han hecho ningún comentario oficial inmediato sobre este punto.


Por otra parte, Sánchez indicó que el "Comité" estima en 1.500 el número de presos políticos en Cuba. Esta cifra, dijo, se elevaría a 15.000 si se tienen en cuenta las personas encarceladas por objeción de conciencia, motivos religiosos o negativa a hacer el servicio militar en Angola.


Fuentes eclesiásticas cubanas, consultadas al respecto por AFP, estiman en 78 el número de los presos políticos llamados "históricos" (es decir, encarcelados antes de 1976) que todavía permanecen detenidos. Las mismas fuentes indican que no pueden decir con certeza quién es preso político, y quién no lo es, a partir de esa fecha.


La iglesia cubana, en colaboración con la iglesia norteamericana y diversas organizaciones internacionales, promovió la liberación y la emigración a Estados Unidos, el pasado 15 de septiembre, de 68 presos políticos y 43 familiares.


Por otra parte, Sánchez estimó en cien mil personas, o sea un uno por ciento de la población, el número total de detenidos en Cuba, tanto políticos como comunes, precisando que existen entre 120 y 130 cárceles y campos de trabajo en todo el país. Las autoridades cubanas, preguntadas sobre el conjunto de estas cifras, no han facilitado ninguna respuesta inmediata.


Finalmente, Sánchez afirmó que el "Comité" desea actuar a cara descubierta, pero que en varias ocasiones el Estado cubano se ha negado a inscribirle como asociación.


Para terminar, hizo la siguiente declaración: "No hacemos nada ilegal, no violamos las leyes cubanas, y aun menos las leyes internacionales, y no conspiramos contra el Estado cubano. Nuestro Comité aspira a que cada vez se respeten más los derechos humanos, tanto por parte del gobierno cubano como de otros gobiernos, como Sudáfrica, Chile o Paraguay".


AFP - General - 25 de septiembre de 1986
(Traducción Reporteros sin Fronteras©)
Cuba- expulsiones
Protesta de la Agencia France-Presse por la expulsión de su corresponsal en Cuba
París, 25 de sept. (AFP) - La dirección de la Agencia France-Presse protestó enérgicamente el jueves por la expulsión de su corresponsal en Cuba, Noël Lorthiois, decidida esa misma mañana por el gobierno cubano.


En un telegrama dirigido al Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Isidoro Malmierca Peoli, el presidente-director general de AFP, Henri Pigeat, afirmó que la decisión es "totalmente arbitraria e injustificada". "Constituye una flagrante violación de los principios más elementales de la libertad de informar", añadió.


AFP ha dirigido otro telegrama al director del Instituto Internacional de Prensa, Peter Galliner, para alertarle sobre la expulsión.


Noël Lorthiois, de 37 años, director desde octubre de 1985 de la oficina de La Habana, en la que sustituyó a André Birukoff, que también fue expulsado en junio de 1985, fue expulsado lo mismo que el director de la oficina de la Agencia Reuter, Robert Powell, tras haber sido convocados ambos, en plena noche, en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Según el corresponsal de AFP, un funcionario les leyó un texto, acusándoles de "mentiras, falsificación de informaciones y campaña hostil a Cuba".


Noël Lorthiois y Robert Powell transmitieron el miércoles unos despachos citando algunas declaraciones de Elizardo Sánchez Santa Cruz, un ex detenido cubano que se presentó como el vicepresidente del "Comité Cubano de Derechos Humanos", que para las autoridades cubanas no tiene existencia legal. En sus declaraciones afirmaba que dos miembros del comité estuvieron detenidos durante unos días, antes de que Ricardo Bofill Pages se refugiara en la embajada de Francia.


Las autoridades cubanas confirmaron las detenciones, pero declararon que no guardan relación con los derechos humanos.


Personas cercanas a Sánchez Santa Cruz afirmaron el jueves, en La Habana, que le habían detenido pocas horas después de la expulsión de los periodistas. Su mujer, Margarita Sánchez, que reside en Miami (Estados Unidos), confirmó esta detención y afirmó que con él han detenido a otros dos miembros del Comité.



AFP - Martes 14 de Enero de 1997
(Traducción Reporteros sin Fronteras©)
Los gallinas cubanas no cumplieron su plan de producción 1996
Por Denis ROUSSEAU
LA HABANa, 14 ene (AFP) -


Víctimas de la penuria del "periodo especial", subalimentadas y agotadas, las gallinas ponedoras cubanas no consiguieron el año pasado cumplir los objetivos del plan de producción de huevos, ha revelado la Agencia de Información Nacional (AIN, oficial) cubana.


La avicultura, que sin embargo es "uno de los sectores mejor organizados y gestionados de la agricultura cubana", fue víctima de la carencia de alimentos compuestos para aves, cuyas materias primas se importan. Hasta el principio de la década se las proporcionaba el campo socialista europeo, que subvencionaba la economía de la isla.


Los elementos del problema, expuestos el lunes por la agencia oficial, son muy simples: la carga de un barco de alimentos para aves cuesta entre 4 y 5 millones de dólares norteamericanos, una suma faraónica para la economía cubana. Pero, "si se da otra alimentación al animal, empieza a adelgazar, pierde parte de su plumaje y cada vez tiene menos energía para producir", explica la agencia.


En razón de esas "causas objetivas", la producción de huevos fue uno de los pocos productos agrícolas que no experimentó un crecimiento el año pasado, deplora la AIN.


Antes del "período especial" (régimen de penuria instituido tras el hundimiento del campo socialista), el país disponía de 11 millones de gallinas ponedoras (es decir, una por habitante) que producían más de 2,7 millardos de huevos al año. Hoy, esta producción ha caído a la mitad, y las ponedoras ni siquiera pueden contar con una alimentación regular, revela la agencia oficial.


La población de La Habana (unos 2 millones de habitantes) sufre particularmente el déficit crónico de la producción de huevos en su territorio. La situación es crítica, sobre todo desde el último trimestre de 1996.


Al principio del pasado mes de noviembre, más de la mitad de los habitantes de la capital seguían esperando los siete huevos de la ración de octubre (después la ración pasó a seis unidades). El déficit, para La Habana, se establecía entonces entre tres y cuatro millones de huevos al día, frente a los 800.000 recogidos diariamente, precisó la AIN. Para arreglarlo todo, reveló la agencia, el 70% de esos huevos no salieron al mercado, para permitir la renovación de la población de gallinas ponedoras.


Pero los cubanos parecen ver la salvación sobre todo en la llegada de una "nueva gallina", nacida del cruce entre aves occidentales y razas locales.


Más de 33.000 gallinas "semi-rústicas" se han distribuido entre los habitantes de La Habana, indicó el domingo el semanario local Tribuna de La Habana.


Esas gallinas, tienen la ventaja de que pueden alimentarse con otras cosas que los alimentos compuestos, y las indispensables aportaciones de vitaminas y minerales pueden estar garantizadas por los residuos alimenticios de la casa y del jardín, aseguró al semanario el Dr. Manuel Pampin, subdirector del Instituto de Investigaciones Avícolas.


Esas aves parece que cumplen sus promesas porque, según un estudio efectuado en un barrio experimental en el que se habían distribuido 3.000 gallinas, "solo el 5% murieron, mientras que se alcanzó una producción aceptable de huevos".


La capital cubana ya está provista de miles de gallineros privados, instalados en los jardines, e incluso en las terrazas o los balcones de los apartamentos, lo que le da a la noche habanera un ambiente agreste, salpicado por los cantos de gallos perturbados por las luces de la ciudad.


Trabajadores - 22 de marzo de 1999
¿ Que quieren ? ¿ Una patente de corso para sus provocaciones ?
Por Lázaro Barredo Medina
Tratando de encontrar una explicación a la actividad que en los últimos días ha venido desplegando el corresponsal de la AFP en la Habana para confabular a otros colegas y crear cierta atmósfera dentro del cuerpo diplomático, un amigo me decía que el problema es que Denis Rousseau sufría el "mareo" del dogma del cuarto poder" (cuando en realidad es un simple agente), y quizás sea eso lo que lo lleve a actuar bajo la falsa creencia de que obtendrá impunidad con la intimidación.


Esa puede ser también, aunque en menor medida, la razón por la cual haya encontrado un acompañante en el corresponsal Pascal Fletcher, quien utiliza a la agencia Reuters.


Como periodista no puedo menos que reaccionar indignado al leer las calumnias y falsedades que estas personas están publicando para denigrar a Cuba ante el mundo y me siento con pleno derecho para denunciarlo desde este espacio, donde acostumbro a escribir.


Con motivo de la alusión del editorial de Granma sobre ciertas agencias y su apoyo a los llamados disidentes y presos de conciencia, así como del anterior artículo que publiqué hace dos lunes para denunciar lo que consideré "Una infamante manera de utilizar la profesión", estas personas se sintieron "víctimas" de la "reacción oficial", sostuvieron reuniones para trazar "estrategias" y solicitaron entrevistas a embajadores.


¿Qué quieren? ¿Una patente de corso que ampare sus provocaciones? ¿Que nos crucemos de brazos como espectadores mientras ellos hacen aquello de la fábula del felino de María Ramos que tira la piedra y esconde la mano?


No es mi intención ser gratuito en el análisis que quiero presentar ante la opinión pública, como tampoco resulta una simple confrontación en el plano profesional.


Nada más alejado de eso, porque lo que está de por medio es un serio problema de ética.
Sobran los ejemplos en los despachos emitidos por estos dos profesionales de la prensa extranjera a lo largo de meses y meses para probar fehacientemente que en sus informaciones priman los juicios de valor y que en el papel de "creadores de noticias" no tienen en cuenta para nada el apego a plasmar la realidad, a la que debieran estar obligados, en el contenido de lo que están transmitiendo.


Concedo a la prensa extanjera una extraordinaria importancia. Hasta la década de los 80, los servicios de la AFP se recibían en 147 países y se transmitían en cuatro idiomas, mientras los despachos de la agencia Reuters llegaban a 153 naciones, utilizando seis idiomas.


Por eso, lo lamentable no es sólo el daño que puedan estar haciéndole a Cuba, sino el deterioro en la credibilidad que pueden estarles reportando a sus respectivas agencias.


Francamente, al leer la cantidad de manipulaciones y prejuicios políticos que estos señores propalan para atizar la campaña anticubana, uno no sabe, a veces, si de veras responden a los intereses de las agencias que representan o cumplen con algún servicio de la Agencia de Información de los Estados Unidos (USIA).


Es "voz populi" dentro de los medios de prensa en la Habana que estos corresponsales (y no los critico por eso) tienen un estrechísimo contacto con los funcionarios de la Sección de Intereses de Estados Unidos (SINA), posiblemente más que con sus respectivas embajadas, y esa influencia tiene una concreción: se puede probar en cientos de despachos cablegráficos que Reuters y AFP han sostenido deliberadamente el soporte fundamental de la propaganda hacia el exterior sobre la llamada disidencia, en la misma línea informativa proyectada por la propaganda norteamericana.


No censuro tampoco que quieran servir a los intereses yanquis ni que de una manera u otra conviertan en analistas profesionales usados por la SINA.


Lo difícil de digerir es apreciar la pose que asumen de superdotados del periodismo y ver después que lo característico de sus despachos es la marcada intencionalidad del sensacionalismo, la distorsión, la simplificación y el ocultamiento de la verdad.


Veamos dos despachos cablegráficos como muestra de lo que estoy afirmando:


Por Pascal Fletcher


La Habana, mar 7 (Reuters). - Los medios de comunicación estatales de Cuba mantuvieron el domingo su campaña de difamación contra cuatro líderes disidentes que esperan una sentencia judicial, calificándoles de marionetas políticas controladas por Estados Unidos.


¿Campaña de difamación? ¿Ese calificativo rio es un juicio de valor, una apasionada defensa? ¿No se expresa una posición ofensiva y se denigra con ello a la prensa cubana, y se ofrece una imagen como si estuviera envuelta en una "cacería de brujas"?


Régimen cubano confirma su rechazo a cualquier forma de opposición
Por Denis Rousseau
La Habana, mar 15 (AFP). - El régimen cubano confirmó este lunes su rechazo a cualquier forma de oposición al condenar a varios años de prisión a los cuatro disidentes más célebres de la isla y al promulgar una nueva ley que amenaza con duras penas a disidentes y "periodistas independientes".


Con estas medidas represivas, el régimen cubano pone fin brutalmente a la relativa tolerancia frente a la disidencia que siguió a la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998, sin dudar poner en peligro los espectaculares éxitos diplomáticos conseguidos tras la visita papal. (…)


El gobierno estadounidense y los medios de exiliados anticastristas de Miami (Florida) también denunciaron la "injusta condena" que cayó sobre los cuatro disidentes. (…)


Simultáneamente a la proclamación del veredicto, una nueva legislación represiva - denominada "Ley Mordaza" por varias organizaciones de defensa de los derechos humanos y de la libertad de prensa - entró en vigor al ser publicada este lunes por la Gaceta Oficial.


La "Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba" prevé penas de hasta 20 años de cárcel, duras multas y la confiscación de los bienes de aquellos cuyas actividades sean consideradas favorables a la política estadounidense contra Cuba.


Sobre este despacho cablegráfico no hace falta comentarios.
Me remito una vez más al fondo ético del asunto, porque conozco que muchos corresponsales extranjeros, ante la lógica competencia, se han visto envueltos en medio de situaciones difíciles con sus casas matrices, porque es normal que haya reclamos cuando dos de las principales agencias del mundo difunden tantas barbaridades.


He hablado con muchas personas conocedoras de los medios de comunicación nacionales y extranjeros - y con muchos colegas -, y con diversos matices por supuesto, casi todos coinciden en la idea que Denis Rousseau evidentemente quiere crear un problema.


Tengo que decir que en cierta medida las autoridades cubanas han sido culpables, porque este corresponsal ha estado escalando, de manera desafiante, en su actitud irrespetuosa, sin que ha tenido el llamado de atención como es práctica habitual en el mundo. Y al parecer, se ha creído su cuento de que es infalible. Su cuento, no el nuestro.